columnas
Ven, perrito, perrito. Dicen que un artista con todas las de la ley debe ser uno que domine varios terrenos. Que el novelista también haga poesía y performances de vez en cuando; que el guitarrista componga sus propias canciones y exponga en galerías conceptuales; que el director de cine incursione en el mundo del cómic. No suena tan mala idea, ¿verdad? Al fin y al cabo quien trabaja con las cámaras y storyboards verá como un movimiento natural expresarse con viñetas. Dígale eso a David Lynch y su Angriest dog in the world, en donde podrá leer joyitas como la siguiente: http://www.davidlynch.de/chevalangry2.jpg
Ajá. ¿Ya lo meditó?
Esta tira se reprodujo una y otra vez durante el tiempo que fue publicada, sólo con texto diferente. Misma introducción, distintos globos de diálogo en donde se lanzaban reflexiones filosóficas así como así, sin anestesia, ni siquiera colores para distraer a los lectores de las publicaciones periódicas independientes que se atrevieron a imprimirla en sus páginas. Claro está, es Lynch, ¿no es así? Se supone que el señor debe ser así de complicado, si no, ningún cinéfilo de las producciones de arte lo incluiría en sus filmoteca (al menos aquellas que realizó en blanco y negro). No estoy diciendo que sean terribles; en realidad, creo que hay como una semilla de lo que se convirtió en el Chico Migraña, ese niño amargado que muchos conocimos como sketches entre video y video en MTV, cuando era, precisamente, Music Television, y no una programación continua de reality shows, que transmiten alguna canción mientras se acerca la hora del siguiente drama.
Pero de regreso con Lynch y sus viajes: el creador de Lost highway realizó esta tira entre 1983 y 1992, y tuvo espacio en periódicos como LA Reader. Actualmente continúa dibujando este particular objeto, que sube a su página de Internet (www.davidlynch.com) cada semana, y en donde también podrá encontrar mercancía con la imagen de este iracundo canino.
John sin el gato
Jim Davis, creador del gato más naranja del mundo (también devorador de lasaña), tiene rato removiendo a todos los felinos de sus tiras cómicas por el simple gusto de presentar a un Jon Arbuckle (Bonachón, tradujeron en América del Sur el apellido), angustiado y solo en el universo, sin siquiera un gato que lo mire con indiferencia. Todos los días sube a www.garfieldminusgarfield.net una tira en donde se ve a Jon hablando con el espacio en blanco a su otro extremo. Incluso, si en la forma original el primer cuadro contenía la imagen de Garfield, éste volverá a verse, sólo que completamente vacío. Al remover a la hedonista mascota (e incluso al ingenuo y salivoso perro), el discurso de Jon es para romperle el corazón a cualquier adulto que viva en independencia, es decir: solo. O que al menos se sienta así de vez en cuando. Ahí está él, con la vista fija en nada, haciendo un comentario acerca de sus sueños; o, simplemente, solo. Por supuesto, ya existe un libro impreso en Amazon, y cuesta poco más de nueve dólares —más gastos de envío.
Para que vea que la vida es mejor con un gato de compañía.





