cronicas
Todavía la ciudad no se recuperaba de la adrenalina de Metallica, cuando el cuarteto británico vino a poner de cabeza a Guadalajara, con su visita para promover su más reciente álbum Viva la vida or death and all his friends
Coldplay es Coldplay: no hay de otra. Su capacidad de atracción hacia las masas es única. Empacaron el estadio 3 de Marzo con más de 30 mil personas (muchos asistentes comentaron que en cancha había más personas que con Metallica) y, de paso, mostraron un espectáculo vistoso y festivo donde hicieron uso de todas las artimañas tecnológicas para que el ánimo no decayera en lo más mínimo. Unos quince minutos antes del show de Coldplay, ocurrió un hecho curioso entre el público de gradas: comenzaron a jugar con hacer la famosa ola. Los culpables directos fueron los del lado izquierdo (de frente al escenario) que entre chiflidos y mucha algarabía, levantaron manos y cuerpos. El problema fue que “los de enfrente” no respondían, y las palabras altisonantes brotaron de forma estruendosa hacia los colegas del extremo derecho.
En lo que respecta al plato fuerte de la noche, éste se plantó como rey por dos horas, a partir de las 21:20 horas. Las primeras estrofas cantadas que se escucharon fueron las de “Violet hill” que elevó la adrenalina al tope. De ahí en adelante, nadie permaneció estático. Y es que Coldplay se ganó al público por sus detalles, donde lo mismo rebotaron decenas de pelotas amarillas sobre la multitud (“Yellow”), que nubes de confeti multicolor con forma de mariposas que plagaron la mitad del estadio (“Lovers in Japan”), además de los infaltables juegos artificiales durante el clímax de “Fix you”.
Como U2, tuvieron el detalle de colocar un mini escenario en la zona general de pie, hasta donde se fueron a ubicar con el tema de “Singing in the rain” de fondo. Ya postrados ahí, entonaron tres temas acústicos (donde destacaron “Shiver” y “Don Quixote”). Por otra parte, Chris Martin enseñó sus mejores frases en español (donde destacó su pregunta sarcástica “¿(está) todo bien cabrones?”), y su frase de agradecimiento: “Estamos muy felices de estar aquí con ustedes en Guadalajara” (en un trastabillante español) y hasta en un par de ocasiones pidió “celulares por favor”, para que las gradas del lugar se iluminaran por cientos de “luciérnagas” tecnológicas, mientras todas las luces se apagaban para lograr un momento digno de recordarse por siempre.
Tras finalizar “Death and all his friends”, Coldplay se retiró y dijo adiós. Los gritos fueron estridentes, así que Chris Martin regresó para interpretar al piano “The scientist” y dar un último respiro a esta presentación histórica. Al final, todavía con la sonrisa encarnada en cara, muchos tapatíos se toparon con un regalo de despedida: un EP en vivo con nueve cortes titulado Left right left right left, que fue entregado en plena salida por el personal de seguridad y que prácticamente fulminó de alegría a los que alcanzaron este recuerdo físico de su banda favorita.
Teloneros dignos
A las 19:50 horas, Bat For Lashes —proyecto de la cantante británica Natasha Khan— tomaron el escenario entre opiniones encontradas; incluso hubo ciertas personas (en específico hombres) que le gritaron a Natasha “¡estás bien sabrosa!”, o que de plano la ignoraron. Muchos otros tuvieron comentarios nada gratos sin conocerla: por ahí brotó el infaltable “guácala” o las comparaciones infundadas como esa de “ay, es una copia de Björk”. De todas formas, Natasha y sus tres músicos no se amilanaron en lo más mínimo y soltaron un directo de nueve canciones (cerraron con la magnífica “Daniel”). Si bien es cierto que la música de Bat For Lashes quizá no sea para espacios gigantes, su intimidad preciosista salió bien librada y evitó que su propuesta tuviera un réspice como reacción en los miles de asistentes. Fue grato escuchar “Glass” o “Horse and I”, canciones que funcionan a la perfección en un cuarto a media luz y en atmósferas intimistas, porque generaron un instante de comunión entre propios y extraños, entre fanáticos y desconocidos. Pero como era de esperarse, hubo un instante de nerviosismo en la presentación cuando un leve coro de “Coldplay, Coldplay” se coló justo antes de empezar la penúltima canción (“Prescilla”) y a Natasha no le quedó más que unirse a ese coro entre risas inquietas. La gente quería a sus ídolos, pero había que sacar temple y Bat For Lashes demostró que puede pararse ante miles de personas, aunque su música apenas salte unos centímetros fuera del espectro alternativo.








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