laentrevista
Con la frase anterior, uno de los integrantes de Massive Attack define la nueva placa del dueto británico Massive Attack que, por cierto, charló con Ocio por teléfono
La espera terminó. Tanto los fanáticos de hueso colorado de Massive Attack (que se desilusionaron hasta el paroxismo tras conocer que su concierto en noviembre del año pasado en Guadalajara sería postergado para febrero 2010), como aquellos melómanos que deseaban con ansia el nuevo disco del dueto de Bristol (tras siete años de tinieblas silenciosas), están fuera de sí: por un lado, al álbum Heligoland salió el pasado 8 de febrero y para el 20, el grupo pisará el Auditorio Telmex con toda su parafernalia técnica (incluida una pantalla de LEDs tamaño mastodonte), e invitados especiales en vocales (como Hope Sandoval y Martina Topley-Bird). Ocio platicó vía telefónica con Grant Marshal —mejor conocido como Daddy G—, uno de los fundadores de esta banda que fueron la cuna del movimiento trip-hop. Al contrario de su compañero Robert del Naja (que basa su discurso en problemas políticos mundiales y es divertidamente subversivo), Marshal prefiere el diálogo en torno a su obra musical.
Tienen la controversia sobre sus espaldas con un video de reminiscencias porno para el tema “Paradise circus”, de Heligoland. ¿Lo anterior es prueba de su regreso a la geografía musical?
“Siempre nos agrada generar controversia, que haya un tema para platicar. Acerca del hecho de combinar elementos todo pasa como en el agua y el aceite: no se mezclan pero generan hermosos patrones visuales [risas]. No, en serio, nos gustan los extremos y si es blanco y negro, mucho mejor. Ocurre como en una conversación: sin argumentos sólo platicas cosas, no llegas a la esencia”.
Tras su disco 100th window, su relación con Del Naja terminó por los suelos. Se habló mucho del fin de Massive Attack pero ¿todavía existe pasión en el proyecto?
“La relación con Robert ha tenido grandes altibajos. Pero cualquier problema aguanta la peor calamidad porque tenemos 27 años de conocernos. Trabajar dentro de un estudio genera duras fricciones y cuando sucede eso nuestro ‘amor de hermanos’ desaparece. Cuando estás junto a alguien por tanto tiempo, lo usual es esperar que tus emociones permanezcan intactas. Pero lo importante es que las peleas se dan siempre en el lado de la creatividad. Así que cuando pasan los malos momentos, llegan momentos de silencio; luego, todo se cura, las opiniones se vuelven positivas y nos reunimos como hermanos a trabajar”.
Dentro de Heligoland hay músicos con fama propia como Damon Albarn (ex Blur), Tunde Adebimpe (TV on the Radio) y Hope Sandoval. ¿Es difícil trabajar con tanto ego reunido en un solo espacio?
“Para nosotros, cada canción tiene personalidad propia. No buscamos el concepto sino colaboraciones con distintos rangos de habilidad para lograr un álbum. Los músicos que colaboran son grandes amigos y no hay egos envueltos. Antes que músicos, somos fanáticos de la música. Tocamos la puerta de las personas que admiramos. Trabajamos con toda esa gente que es amiga nuestra. Por ejemplo, Horace [Andy] es un excelente camarada y Martina [Topley-Bird] siempre ha estado cerca de la banda porque es de Bristol y estuvo con Tricky. Las colaboraciones son un acto familiar y se puede sentir esa sensación en el álbum. Heligoland tiene un espíritu de comuna o un tipo de jam directo de varias personalidades. Cuando escuchamos lo que Guy [Garvey, de Elbow] hizo con la canción ‘Bulletproof love’, quedamos prácticamente anonadados. Realizó una interpretación muy personal y la canción se volvió única”.
Como es de esperarse, la tecnología de punta que usan en sus conciertos sigue evolucionando. Han pasado de la Saco screen, a los Pixelbars y luego al ChromaBlock para aterrizar con el OLite. ¿Cómo va a se la experiencia visual para su concierto en Guadalajara?
“¡Es mejor dejarlo como sorpresa! [risas]. Bueno, tenemos la pantalla gigantesca que cubre todo el escenario y lleva con nosotros ya tres giras mundiales. Cada tiempo le adecuan cosas y la ponen al día. Los visuales van de lo político, geográfico y hasta financiero. Es pura tensión visual. En resumen, estamos sobre el escenario pero nos acompaña mucha información para los ojos. Esa es nuestra arma y ejército, porque no es lo mismo ir a un concierto que a un espectáculo multimedia”.



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