cronicas

OCIO | La guía para vivir la ciudad
Acordeón, trombón e iPads
Música

Una noche con Bostich + Fussible, que no convocó a tanta gente como en otras ocasiones. Sin embargo, no faltó quien se dejó llevar por la cadencia de los ritmos norteños con el toque electrónico

Bostich + Fussible
presentando Tijuana Sound Machine
15 de julio, 21:00 h. Old Jack’s Studio

 

La cita para apreciar en vivo la magia de dos exponentes del colectivo Nortec se dio a las 21:00 horas, pero el espectáculo arrancó hasta la medianoche. Ya que se trata de un bar el espacio que sirvió de foro la noche del 15 de julio, la gente aprovechó para calentar motores con unos tragos y hasta con alguna botana al aire libre, a la espera de la música o a que la lluvia amenazante obligara a ocupar espacio bajo techo. El escenario estaba montado con tres pantallas (una grande al centro, dos más pequeñas a los costados) y una consola con apariencia de computadora de villano de película de El Santo.

Sin mayor presentación, un guitarrista (cuyo instrumento ostentó sendo dibujo de piel de vaca), un acordeonista y un virtuoso del trombón y trompeta subieron con Fussible y Bostich para acompañar las secuencias que manipularon, muy ufanos, desde sus respectivas iPads. La gente abandonó sus actividades al aire libre y tomaron sus lugares al centro del lugar, con ganas de moverse al ritmo de la tambora mezclada y un gravísimo trombón marcando el paso. Los primeros 40 minutos estuvieron cargados del entusiasmo del público, quienes tomaron fotos, video, cerveza, y hasta hicieron gala de un par de movimientos de baile característicos del Norte, al mismo tiempo que estuvieron al pendiente de las iPads y los visuales, que tuvieron imágenes de los hermanos Almada, autos pimpeados y vistas panorámicas de Tijuana.

Cuando la hora se fue acercando a la primera del 16 de julio, las personas comenzaron a dispersarse, ya fuera a la terraza por un cigarrillo o, incluso, afuera del recinto en dirección a otros rumbos. Si bien no se vació, se notó el espacio que se abrió de manera pausada, hasta el punto en que quienes sólo salieron a fumar se quedaron en las bancas de madera a beber una cerveza o dos. Los músicos que acompañaron a los norteños demostraron tener buena escuela, hicieron gala de sus habilidades con sus instrumentos junto con aquellos que se mantuvieron de pie, gadget de la manzanita en mano, cambiando el ritmo de las secuencias.

Sin embargo, se entiende que poco antes de la 1:30 am, la mitad haya decidido ocuparse en otras cosas, mientras otro tanto, incluso, pidió una más cuando la agrupación se despidió de Guadalajara. Que no fuera uniforme la atención de los asistentes tal vez se debió a que era un día entre semana, y muchos tuvieron que levantarse temprano; quizá, que casi no hubo contacto entre los músicos y el público; otra teoría es la edad, pues probablemente aquellos que fueron testigos del surgimiento del colectivo Nortec, hace diez años, son los que encontraron otra cosa qué hacer antes de cumplirse los 60 minutos de espectáculo, lo cual lleva a una segunda teoría: que lo único nuevo que tuvieron para mostrar después de un decenio en la escena, fueron sus relucientes iPads.

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