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Brillo sin mucho filo
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Desde el presente, la cinta hace un recuento en flashbacks de los años en el poder de Margaret Thatcher, pero el resultado es irregular y poco atractivo

LA DAMA DE HIERRO The iron lady.
Dominguera. Directora: Phyllida Lloyd.
Con Meryl Streep, Jim Broadbent, Roger Allam y Olivia Colman.
Reino Unido/Francia, 2011. Duración: 105 minutos.
http://weinsteinco.com/sites/iron-lady/

 

Si tuviera que juzgarse la carrera de Margaret Thatcher (Primer Ministro del Reino Unido de 1979 a 1990), basados solamente en esta cinta biográfica, se llegaría a la conclusión de que su historia no valía el esfuerzo cinematográfico. La dama de hierro, de Phyllida Lloyd, presenta a Thatcher (Streep) como una mujer trabajadora con convicciones, pero no carisma ni interesante. Al establecer el presente de la dama cerca de dos decenios después de su mandato, la cinta hace un recuento de sus años productivos en flashback, y el resultado narrativo se siente como una serie de secuencias intercaladas con las de una mujer mayor al borde de la demencia, quien tiene conversaciones con su fallecido esposo, Denis (Broadbent).

La parte más decepcionante del filme es que algunos de los momentos más memorables del tiempo de Thatcher en el poder son minimizados. La guerra de las Malvinas es cubierta rápidamente, un atentado del IRA sólo se toma un par de minutos, y su relación con el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, es confinada a una breve escena con ellos bailando en una reunión oficial. Al pasar mucho tiempo con Thatcher en su etapa de delirio senil, la cinta se ve limitada en su habilidad de contar una historia de sus primeros años de una manera convencedora y atractiva. Se puede tener una mejor idea de su importancia en la historia leyendo sobre ella en Wikipedia.

Además, su ritmo es muy lento, y en las raras ocasiones en que los flashbacks generan un momento de avance, somos arrastrados de regreso al “presente”, así que todo baja de velocidad otra vez. Este método funciona cuando una película incluye diálogos ricos e interpretaciones impecables, pero La dama de hierro no las posee. Algunas de las mejores escenas son las que muestra a una joven Thatcher irrumpiendo en la política, y en ellas, es interpretada por Alexandra Roach, quien añade el fuego al personaje que en su mayor parte no está en Streep. Es fascinante ver cómo la dama se abrió paso en un campo dominado por hombres y forjó su base de poder, mientras la relación con su esposo es adecuadamente explorada, retratado como un hombre devoto pero inadvertido, quien sacrificó casi todas sus metas en el altar de la ambición de ella. Que su “fantasma” permanezca en constante compañía después de su muerte dice mucho de su apego y busca de apoyo en él.

El punto de vista de La dama de hierro sobre Thatcher es generalmente positivo y bien balanceado. No se inclina a ninguna postura política, por lo que ambos bandos podrán criticar el filme. Con las labores de una tarea bien hecha, ilustra lo bueno y malo del tiempo de la dama en el poder, pero no es penetrante ni íntima sino lineal, y si Streep ganó el Óscar por esta cinta, fue más resultado de su nombre que el reflejo de una actuación memorable en su exitosa carrera.

Quienes tengan verdadero deseo de saber más sobre la vida y obra de Margaret Thatcher encontrarán más en los libros. La dama de hierro es una superficial y convencional obra sobre su periodo en la vida pública, que carece de esa energía que haría de verla algo más entretenido y menos académico.

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