laventana
Después de tres años de permanecer cerrado por trabajos de remozamiento, ese punto cardinal de Guadalajara donde pululan historia y leyendas, nos invita a perdernos entre sus sarcófagos, nichos y epitafios
RECORRIDOS Y CONFERENCIAS EN EL PANTEÓN DE BELEN
Recorridos nocturnos (dos grupos por horario).
H: de J a S, 20:30, 22:00 y 24:00 h. Boleto: $44.50.
Recorridos diurnos. H: Ma-V, 10:00 am y 13:00 h. S, 11:00 am.
Entrada libre.
Grupos escolares matutinos previa solicitud de la escuela con cinco días de antelación.
Belén 684, esquina Hospital. El Retiro. T/36141978.
Boletos de venta en el panteón de 19:00 a 23:30 h.
Cupo: 40 personas por recorrido.
Conferencia impartida por: Samuel Gómez Luna Cortés.
Todos los viernes, 20:00 h. Entrada libre
El camposanto famoso por sus innumerables leyendas de misterios y horrores, cuenta con más de un siglo de historia, lo que conlleva el desgaste natural, así como la mano interventora del hombre que no siempre deja huellas de alegría. Tumbas dañadas, graffiti sobre los nichos, robos, maleza, infestaciones de alacranes y hormigas, entre otros, lo convirtieron en un espacio que no sólo tenía su intrínseco halo de misterio, sino que el abandono y la falta de supervisión lo llevó a un rezago que ya exigía inversión económica y humana.

Luego de tres años de labores de remozamiento sobre el espacio físico, así como de limitación de las áreas donde el visitante puede transitar, limpieza de maleza, exterminio de infestaciones y una profunda investigación sobre la historia del panteón; se le ha otorgado una nueva fisonomía y se ha preparado un recorrido con la balanza puesta sobre la documentación histórica, más que en la parte anecdótica que abundan cuentos sobre ahorcados, muertos vivientes, vampiros, árboles que sangran, asesinatos, y demás detalles macabros.

Comienza el recorrido:

Parados sobre la banqueta, precedidos por una larga cola de personas con ganas de escuchar historias oscuras que los saquen de su cotidiano andar, observamos la parte superior del portón del panteón. Parece como una anticipación al extraño mundo que estamos por visitar, la iconografía funeraria abunda por cada rincón.

Si pone ojo avizor descubrirá todo un mundo de símbolos que habitan en estos parajes.

Finalmente la guía nos abre el portón, un gato negro con manchas blancas descansa sobre el suelo que aparenta una frescura que hiela los huesos. Su nombre es 666, este guardián nos acompañará durante el recorrido con su andar sigiloso.


Un largo pasillo —o no tan largo pero parece eterno— nos conduce al mausoleo, sarcófago o la que hasta 1947 fue la Rotonda de los Hombres Ilustres, fecha en la que los restos fueron exhumados y colocados en la plaza adjunta a la Catedral. Continuamos nuestro andar hasta el fondo donde se encuentra el árbol del vampiro, famoso por albergar —según la leyenda— los restos de un vampiro que por años chupó la sangre de los habitantes de Guadalajara, y que al ser enterrado se manifestaba bajo el árbol que cobija su tumba, al cual si lo pinchabas dejaba correr la sangre que lo alimentó.


Corría el año de 1845 cuando finalmente se realizó la apertura del camposanto de estilo arquitectónico neoclásico con reminiscencias del romántico, pero su origen se remonta al lejano “año del hambre” (1785-1786), la enfermedad, el desempleo, heladas y sequía llenaron las calles de gente que pedía limosna para comer, y había muertos tirados en las calles.

Por ello el obispo, fray Antonio Alcalde, propuso unir el Hospital de Belén y el huerto, y edificar un cementerio. En 1787 se puso la primera piedra. El arquitecto Manuel Gómez Ibarra quedó a cargo de la obra.


Al principiar el recorrido se visita la galería este y oeste. Una arquería que cubre una pared sembrada de gavetas de diversos materiales como mármol blanco que si se detiene y se acerca notará los grabados y relieves, algunos de ellos dañados.



La gente adinerada y poderosa de la época fue enterrada entre sus fauces; clérigos, familias de alcurnia, políticos, generales, todos ellos descansan en paz entre el cantar de un sinfín de aves que convierten al panteón en un oasis, extrañamente de paz. Caminar entre las lápidas, lejos de dar miedo otorga una sensación de serenidad y templanza. En el cementerio la fauna es prolija, aunque se sienta una calma aparente por sus rincones hay una actividad intensa aunque reservada.




Entre los personajes de ilustre linaje que descansan en sus entrañas se encuentra Jesús López Portillo, Dionisio Rodríguez, don Joaquín Ángulo, el arquitecto y pintor Jacobo Gálvez, y el general J. Silverio Núñez. Familias adineradas como la Remus, que construyeron su capilla para trascender el olvido que precede a la muerte. Sorprenden las tumbas de infantes, fáciles de identificar no sólo por su diminuto tamaño, sino por ser de tipo túmulo, féretros simulados que sobresalen del suelo. Las hay atrapadas por las ramas de los ficus; las que no toleraron el inagotable paso del tiempo, las resguardadas, las conservadas o las más visitadas.



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