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En los límites del cliché
Estrenos

Hermanos por siempre no está exenta de los lugares comunes típicos de su género, pero el director Tony Goldwyn sabe darle el tono correcto para evitar caer en el melodrama lacrimógeno

Hermanos por siempre Conviction
Recomendable. Director: Tony Goldwyn.
Con Hilary Swank, Sam Rockwell, Minnie Driver y Melissa Leo
Estados Unidos, 2010. Duración: 107 minutos.
www.foxsearchlight.com/conviction

 

Hermanos por siempre pertenece a la fórmula de cine legalista, melodramático y triunfalista, que al igual que las biopics, son estreno obligado de temporada otoñal e invernal en los Estados Unidos, en ella se ubican cintas mediocres y sentimentaloides como A few good men (Rob Reiner, 1992), The chamber (James Foley, 1996), o Huracán (Norman Jewison, 1999), películas condescendientes y moralistas, que con una buena producción, son infladas para hacerlas pasar como cine serio y profundo, cuando en realidad no es más que entretenimiento moralino.

Sin embargo, Hermanos por siempre es el perfecto ejemplo de cómo una fórmula generalmente barata y chapucera, si se hace con creatividad, honestidad e inteligencia, puede ser mucho más, porque sin llegar a ser brillante como Nothing but the truth (Rod Lurie, 2008), es una buena película.

La historia sigue a dos hermanos severamente desatendidos desde pequeños (Hilary Swank y Sam Rockwell), que los sucesos los hacen inseparables; en la juventud él es acusado de asesinato, su hermana, ya esposa y madre, estudia tardíamente leyes, desatendiendo a su propia familia, hasta probar su inocencia.

Hermanos por siempre no está exenta de los clichés y lugares comunes típicos del género, el sacrificio de la hermana, el amor filial incondicional, la lealtad hasta las últimas consecuencias, la superación a través de la educación, el perdón redentor, vaya, la misma Swank es un cliché del cine chapucero, vía otros géneros como la triunfalista Escritores de la libertad (Richard Lagravanese, 2007) o biopics como Amelia (Mira Nair, 2009), pero el director Tony Goldwyn sabe darle el tono correcto para evitar caer en el melodrama lacrimógeno.

Goldwyn, quien en la vida real es nieto de Samuel Goldwyn y es mejor conocido como el asesino de Patrick Swayzee en Ghost (Jerry Zucker, 1990), logra por fin convencer en su faceta de director, al hacer de su tercer largometraje como realizador, un drama contenido, sólido, fluido y congruente, que se enriquece por su correcta atmósfera cruda, por un final no necesariamente feliz, y por las espléndidas actuaciones de Swank y Rockwell como perfectos white trash.

Nothing but the truth es un espléndido filme del género, que subió el estatus de la fórmula y que de no haberse visto afectada su distribución por la crisis económica, debió haber ganado el Oscar a Mejor Película, Director, Actriz y Actor para Kate Beckinsale y Matt Dillon; la condición de cinta independiente de Hermanos por siempre la puso en una situación similar, el camaleónico Rockwell, quien con cada actuación se confirma como uno de los mejores actores de su generación, debió ser nominado a Mejor Actor o Mejor Actor de Reparto, en vez de James Franco o Jeremy Renner, pero el desaire no le quita que sea una de las mejores actuaciones del año.

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