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OCIO | La guía para vivir la ciudad
Un estreno muy mono

El estreno de las óperas infantiles Monkey see, monkey do La niña que riega la albahaca tuvo muchos niños entregados a la risa, atentos a la trama y participativos con los protagonistas

 

Monkey see, monkey do De Robert Xavier Rodríguez
La niña que riega la albahaca De Isaac Bañuelos
Director: Hernán del Riego. 
9 de junio, 18:00 h. 10 de junio, 13:00 h. TEATRO DIANA. 
Avenida 16 de Septiembre 710, por Niños Héroes. T/3614-7072. 
Boletos: de $150 a $400. De venta en taquillas y Ticketmaster (T/3818-3800)

 

Desde las 17:00 horas del sábado 9 de junio los asistentes llegaron, la mayoría familias con al menos dos niños, quienes al comenzar la función llegaron a los 1,200. Los infantes aunque inquietos como siempre, no dejaron sus asientos y platicaron con sus compañeritos de fila, algunos se hicieron amigos como suele pasar en esa edad, sólo por la sencilla razón de ser niños. A las 18:10 las luces se apagaron, las cortinas se abrieron y dejaron a la vista un escenario sencillo, diseñado por Edyta Rzewuska, era una enorme pantalla al fondo donde se dibujó un cielo con nubes, como hechas con crayones que se movían un poco, la fachada de La niña que riega la albahaca, y frente a ellos la Orquesta Ximenez Caballero RCM; en la parte superior del escenario estaban los subtítulos de la primera ópera que fue cantada en español. 

Con atuendos de la época, expresiones y maquillaje divertido, los cantantes entraron a escena.  Era la historia de una pequeña que regaba las plantas todos los días, y de quien un príncipe se enamoró y buscócasarse con ella. Un narrador, un gallo, un perro y un burro fueron quienes platicaban e interactuaban con los niños a la par que contaban la historia, sin duda el burro y sus ocurrencias fueron la delicia de chicos y grandes. La escenografía entre la calle y la habitación en el palacio del príncipe preguntón, un sillón y un candelabro, cambiaron con agilidad y mantuvieron la atención de los pequeños espectadores. Las preguntas del príncipe fueron excusa para romper la barrera del escenario e interactuar con los niños.  Destacaron los paisajes, los colores cambiaban según el horario del día y se dibujaban como lo hace un niño las nubes o las estrellas. Todos los personajes eran juguetones con sus movimientos y ademanes, y sus voces impactaron en todo momento; en la primera ópera, en la escena donde el príncipe desfallece por amor, fue muestra de ello.  El príncipe llora y hasta los músicos se lamentan, pero al final se casan y todos tienen un final feliz.

A las 18:47 el telón se cerró, durante el intermedio muchas familias salieron al lobby, algunos amigos se acercaron a otros a platicar, los músicos también se refrescaron y algunos se quedaron entre la audiencia en la plática respecto a la experiencia, sorprendidos de las risas, respuestas y atención de los niños en la primera parte. A las 19:15 comenzó Monkey see, monkey do, la cual acaparó y provocó aún mejores respuestas en los niños, esta fue la historia de un cilindrero que pierde a su changuito, y su hija que se enamora de un chico; a los pocos minutos dos changuitos que hacen de las suyas acapararon la atención de todos. Esta ópera se cantó en español e inglés, los subtítulos fueron constantes también en la parte superior del escenario, que esta vez era una fachada con dos enormes ventanas de las que salían las ramas de un árbol. Un sombrerero que busca clientes y perdió su mercancía mientras dormía por los dos changuitos, le pidió a los niños le ayudaran a buscarlos y en un momento en tono jocoso les dijo “no les entiendo nada”. “Atrás de ti, arriba, abajo”, gritaban los niños adentrados en la escena, algunos hasta sonaron frustrados de que sus sugerencias no fueran escuchadas. A pesar de los dos idiomas, esta segunda ópera recibió más ovaciones y hasta carcajadas de la audiencia, fue más ágil e hizo pasar los minutos como si fuesen segundos. Los animalitos imitaban lo que hacían los personajes enamorados, y cuando les descubrieron hubo una lluvia de sombreros, bajaron del árbol donde se ocultaban y fueron hasta la audiencia para probar algún sombrero en la cabeza de los asistentes, al final todos enamorados, bailando en el escenario, equivocándose de pareja, aplaudiendo al ritmo de la música y dando muestra de la fuerza en sus voces, el final feliz llegó a las 19:45 horas. Lo jocoso se contagió a músicos por igual, quienes antes de recibir la ovación del público se pusieron algunos de los sombreros.

Hernán del Riego, director de la puesta y quien interpretó al príncipe y al vendedor de sombreros, agradeció a la audiencia y a todo el equipo que lo hizo posible. También subió al escenario a Isaac Bañuelos, compositor de La niña que riega la albahaca, quien se mostró emocionado por el estreno de su obra y comentó que le dejó un grato sabor de boca. Al final a los niños les regalaron máscaras de los personajes,como el burrito que se incluye en la publicidad. Familias comentaron al salir que les gustó mucho y que fue una gran oportunidad para introducir a sus hijos al arte de la ópera contemporánea.

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