labutaca
La Tierra libra una lucha más con fuerzas del espacio para sobrevivir, pero ahora es en el agua, y con mucha parafernalia
BATALLA NAVAL
Battleship. Dominguera. Director: Peter Berg.
Con Taylor Kitsch, Alexander Skargard, Liam Neeson y Rihanna.
Estados Unidos, 2012. Duración: 131 minutos.
www.battleshipmovie.com/
Universal Pictures tiene grandes expectativas para que Batalla naval se convierta en el megablockbuster del año, entonces, a nadie debe sorprender que sea una cinta palomera de fórmula de reciente éxito probado, y la historia de receta que se cuenta es la de otro intento de invasión extraterrestre al planeta y de exterminio de la humanidad, sólo que ahora se desarrolla en el mar, cercano a las costas de Hawai, y esta vez son los marinos los héroes.
No hace falta decir más para que la memoria colectiva nos remonte de inmediato a su referente e influencia más cercana, Día de la independencia (Roland Emmerich, 1996), y no se equivocan. El director, Peter Berg, se inspira mucho en el blockbuster noventero para crear varias de sus secuencias, algunas incluso descaradamente copiadas, aunque de quien hurta exageradamente es de la franquicia Transformers, sólo que en agua.
Por esta cualidad acuífera, Batalla naval es también muy cercana a Mundo acuático (Kevin Reynolds, 1995), en cuanto a que el fracaso taquillero más grande de los noventa protagonizado por Kevin Costner no era más que Mad Max (George Miller, 1979), pero en el agua, lo que nos lleva a reflexionar sobre el beneficio de la era de los efectos digitales al cine, pues hasta Mundo acuático, la mayoría de las películas filmadas en agua fracasaban en taquilla, quizá el churro de Reynolds hubiera sido exitoso de haberse hecho con esta tecnología, aunque habrá que esperar a ver cómo le va a Batalla naval. A pesar de las fórmulas, no existen las recetas mágicas a la hora de la taquilla.
Son los efectos especiales generados por computadora los verdaderos protagonistas de la cinta, y es más que evidente que los productores y el propio Berg quieren apropiarse de todas las fórmulas que han hecho billonarios a personas como Jerry Bruckheimer y Michael Bay. Por ello, se parece también a películas de esa dupla, como Armageddon (1998) y Pearl Harbor (2001), en lo ruidoso, extravagante, ostentoso y espectacular, con el acento puesto en la acción y sofisticados encuadres y secuencias de guerra, y por eso también los personajes son unidimensionales y la historia casi inexistente. Es la fórmula para quienes la hacen y del placer culpable para quienes la disfrutan.
Día de la Independencia fue escrita para Matt Dillon pero la rechazó por considerarla estúpida, y al aceptarla Will Smith se convirtió en megaestrella. Tal vez sea generacional, pero a los chavos noventeros no nos parecía tan mala como Batalla naval, pero habría que preguntar su opinión a un chavito que le guste la de Peter Berg, en todo caso, si a Dillon le pareció tan malo el guión de Día de la Independencia, entonces, como ahora se ve de mala Batalla…, se entiende su decisión de rechazarla, y quien tiene la oportunidad de convertirse en estrella ahora es Taylor Kitsch, quien con ésta se recupera del fracaso de su anterior cinta, John Carter.





