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Foco tonal: centro de energía cósmica

A finales de 1998, surgió uno de los pocos “centros de energía” que se encuentran ubicados alrededor del mundo. A la par del Cerro Uritorco (Argentina) y Machu Pichu (Perú), el municipio de Poncitlán recibe la visita de infinidad de personas en busca de curaciones o cargarse de energía

 

La energía transforma la naturaleza. Existe bajo tantas formas —cinética, calórica, eléctrica, radiante, mecánica, térmica—, que los seres humanos olvidan que su significado primigenio es “poner en movimiento”. Cerca de Guadalajara existe un centro energético que ha maravillado a propios y extraños: el foco tonal.

Algunas personas dudan de su autenticidad y lo tildan de charlatanería. Otros, en cambio, lo visitan regularmente y han sido “curados” milagrosamente de cierta dolencia que los aquejaba desde hace años. Verdad o mentira, lo cierto es que el lugar (ubicado en Cuitzeo, Municipio de Poncitlán, Jalisco), recibe cientos de visitantes cada semana (si no es que miles), dispuestos a pararse dentro de un círculo y dejarse “embriagar” por la energía que ahí se deja sentir.

Vayamos por partes. La persona que descubrió este sitio llevó en vida el nombre de José Sebastián Zamora. Este visionario y curador de almas originario de Reynosa, Tamaulipas, visitó en viajes astrales la zona y descubrió que aquí la luz y curación estaban unidas. Tiempo después y por azares del destino, conoció a Manuel Domínguez (actual propietario del foco tonal), el cual lo invitó  su casa-castillo que estaba en plena construcción. Entonces José caminó por los alrededores y descubrió que era el lugar que visitaba su alma cuando dejaba su cuerpo. Tras marcar el punto exacto desde donde emanaba la fuerza especial, se decidió construir un tipo de círculo al aire libre donde un par de vórtices jalaban energía del cielo y al mismo tiempo llevaban la terrenal hacia las alturas. José murió a los pocos meses de terminar la construcción, y dejó a cargo del sitio mágico a Manuel, quien desde 1998 lo cuida y mantiene en perfecto estado.

Ahora bien, ¿qué ocurre en el interior de este círculo rodeado por siete columnas de diversos colores, justo cuando una persona pisa el centro donde se encuentra una estrella de siete picos? Un curioso efecto sonoro, ya que las voces parece que tienen “eco”. Incluso es tal esta sensación de las voces como si estuvieran atrapadas en un tubo (o un cántaro), que el fenómeno se vuelve por demás interesante, ya que está al aire libre y no existen paredes para que el sonido adquiera dicha sensación “cavernosa”. La comparación más próxima sería con La Casa de los Murmullos, donde gracias a una acústica especial (por culpa del techo en bóveda), es posible que una persona que se coloca en el lado opuesto de otra puede “escuchar” lo que el otro susurra.

La mecánica del lugar es sencilla: tras el respectivo pago de quince pesos, uno espera el turno para ingresar al círculo en un grupo de alrededor 20 personas. Antes de hacerlo deben quitarse el calzado. Después, se sientan en la circunferencia y Manuel los invita a que, uno por uno, se levanten y se paren al centro para decir su nombre. De ahí en adelante, se hacen las peticiones personales o se agradecen los “regalos” que se obtuvieron de solicitudes pasadas.

Transcurridos diez minutos, la actividad termina y tal vez todo el grupo se pare al centro y levante una oración, ya que como muchos asistentes comentan “la comunicación con el Creador es directa”. Pero ¿cuáles sensaciones se perciben dentro del círculo? La respuesta es variable pero se descubre una tranquilidad casi palpable, de fuerte presencia que acapara todos los sentidos. Algunos visitantes al salir del círculo sienten mareos y se les nubla la vista. Otros dicen ver extraños puntos de energía blancos (como esos que algunas veces “aparecen” en las fotografías), mientras que los restantes afirmar que “se llenaron” de buenas vibras.

El lugar cuenta con sanitarios, una tienda donde se venden cuarzos y demás piedras que se pueden cargar de energía dentro del foco tonal, la tumba de José Sebastián Zamora, y una casa gigantesca de madera (más otras pequeñas) para que jueguen los duendes. De hecho, el personal que trabaja día con día en el lugar afirma que existen hadas y que han sido vistas “jugando” entre los árboles.

Verdad o mentira, lo cierto es que el foco tonal es uno de esos lugares donde ocurren sucesos extraños donde realidad y ficción se cruzan de forma caprichosa.

¿Cómo llegar?

Primero hay que dirigirse a Ocotlán a través de la carretera Guadalajara-La Barca. Después, hay que tomar la carretera Cuitzeo-El Zapote, y alrededor del kilómetro 4 existe una pequeña desviación de terracería hacia el foco tonal. El viaje es de alrededor de una hora y la carretera está en buenas condiciones, aunque algunos tramos están en construcción debido a que la carretera será “ensanchada” a cuatro carriles en algunos tramos. El horario del foco tonal es de nueve de la mañana a 18:00 horas, todos los días.

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