cronicas
El espectáculo dancístico de origen turco dejó boquiabiertos a los asistentes con sus coreografías y elaborados pasos de baile que relataron una batalla entre el bien y el mal
Fire of Anatolia
22 de junio, 2012
AUDITORIO TELMEX
Más de cinco mil personas acudieron la noche de este viernes a dejarse hechizar por la danza de Fire of Anatolia. A partir de las 20:00 horas la gente comenzó a llegar, la mayoría eran adultos, muy pocas familias completas con niños. A las 21:03 horas se apagaron las luces y se dieron las instrucciones de silenciar teléfonos y dispositivos móviles en tres idiomas, turco, inglés y español; el resto de las introducciones y narraciones de la historia se dieron en inglés, por lo que si alguien no hablaba ese idioma y no había leído su programa antes de comenzar el show, no lo entendió a la primera; sin embargo, los bailes provocaron las sensaciones necesarias para dar un panorama correcto de lo que sucedía en la tarima.
La escenografía era una fachada enorme y en el centro una pantalla mostró imágenes relacionadas, en la primera escena del primer acto los motivos estaban inspirados por los chamanes de Asia Central, los zoroastrianos y los kurdos yazidis, los bailes y las danzas musulmanas y danzas folclóricas del Sureste de Turquía. El espectáculo se dividió en dos actos con dos escenas cada uno y un intermedio. Desde el principio la gente quedó boquiabierta con los pasos de estos bailarines y sobre todo con la coordinación, era impecable. Una vasija con fuego fue el centro de la primera escena, en la segunda los relámpagos anunciaron una tormenta, las luces se tornaron azules, Zeus se hizo presente llamando a las fuerzas del mal. En cada coreografía hubo un cambio de vestuario contando más de una decena al final de espectáculo. A veces había 50 bailarines en escena, en otras sólo tres. El Este de Anatolia, el mar Egeo y el Mediterráneo fueron los motivos presentados en pantalla. Los bailarines se enfrentaron en una pelea con espadas, el sonido de las hojas de metal marcaba los pasos, en un par de ellos chispas salieron. A las 21:48 se retiraron de escena para un intermedio que duró hasta las 22:17.
El regreso fue marcado por los lamentos de la derrota que se reflejaron en vestuarios blancos, danzas pausadas, y la esperanza se transmitió de nuevo con pasos de baile alegres. La gente aplaudió en cada ocasión que una coreografía terminó, hubo quienes se pusieron de pie y gritaron gustosos. Para el final, cuando la alegría impregnó la historia, en un momento una luz ultravioleta iluminó a las bailarinas cuyo vestuario resplandeció en la oscuridad, un efecto festejado por la audiencia. En cuestión de segundos cambiaba la estampa en escena: de ver a cuatro bailarines en acción, luego las luces se apagaban y ya eran medio centenar. A las 22:55 se despidieron del público, hicieron reverencias y recibieron ovaciones a cambio. El telón bajó y después volvió a subir. A la salida, mientras los bailarines enfriaban los músculos, muchos asistentes se acercaron a tomarse una foto con alguno de ellos que, amablemente posaron a las cámaras y celulares.




