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OCIO | La guía para vivir la ciudad
La gloria que pasó hace mucho

Como un paréntesis entre la velocidad de la calzada Independencia y el bullicio del Centro Histórico, el Parque Morelos. Ahí el tiempo se detuvo, y no para bien 

 

Lejos, muy lejos, están los días en los que Le bois D’Boulogne (el bosque de Bolonia),  como llamaban a este parque a finales del siglo XIX, veía a la sociedad tapatía en varias de sus capas convivir bajo las frondas de sus viejos árboles. Lejos, muy lejos, está esa vida inyectada entre los cincuenta y sesenta del siglo pasado, por todos los habitantes del Centro Histórico que tenían al Parque Morelos como un especial lugar para su esparcimiento. 

Ahora, en el núcleo de una controversia panamericana que no se ve avanzar (en marzo se anunció su remozamiento y esto se ve apenas en unas fuentes a medio reparar), visitar el Parque Morelos es cosa de valientes, porque si no se es parroquiano, las miradas de los que ahí pasan las horas se volverán de curiosas a inquisidoras y lo harán sentir, pronto, como un intruso. En su corazón, lejos de la prolija estampa sobre calzada Independencia, con una explanada limpia y el monumento a José María Morelos y Pavón, el tiempo pasó veloz y voraz: la fuente de sodas intenta recuperar el sentido mientras los juegos y zona infantil son ya estatuas de la nostalgia. Su quiosco, limpio y vacío. Sus fuentes, sin una gota de agua y mucha tierra. El Parque Morelos se siente cansado.  Pero, a pesar de ese aire de sordidez que le acompaña, hay algo en él, indicios de lo que fue, que hacen urgente su recuperación. Este es un saludo a nuestros padres, quienes ahí aprendieron a andar en bicicleta o dieron su primer beso. 

Algunos referentes

En su primera etapa, cuando era un islote del río San Juan de Dios, también conoció la decadencia, al sufrir sus áreas verdes descuidos y volverse el receptáculo de escombros y basura. 

Una vez que se entubó el río, ya en el siglo XX, el ayuntamiento encargó al arquitecto Rafael Urzua remozar el abandonado lugar y convertirlo en un parque. 

A partir de este momento, se convirtió en uno de los paseos más populares para los tapatíos. Desde entonces tiene lugar el tianguis del Día de Muertos y las nieves raspadas. La estatua de Morelos fue realizada, en 1967, por Miguel Miramontes. Le sigue el paseo de los Insurgentes, que conduce al interior del parque, con los bustos de varios héroes de Independencia. Fuente: www.guadalajara.net 

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