elradar
1940-2010
Periodista, homeópata, apasionado de la gastronomía y de la lingüística. Nació en Ciudad Lerdo, Durango, y se notaba su origen norteño en su franqueza, en su apertura y en su contundencia al hablar. Juan Pablo Rosell laboró en el periódico La Prensa en la ciudad de México, y también pasó por la redacción del Reader's Digest en Estados Unidos, porque dominaba el inglés. Fue fundador y colaborador de Siglo 21, donde no sólo escribió su columna gastronómica, fungió como un ombudsman interno: leía y corregía todos los días el diario, y mandaba el ejemplar revisado a la redacción hacia el mediodía, lo que permitía una retroalimentación cotidiana basada en su detallado y perfeccionista cuidado del uso del español. De esta actividad se derivó su colaboración en la redacción del Libro de estilo del desaparecido diario. Él era partidario de escribir bien un periódico, aunque éste se sometiera al rigor de los breves tiempos de cierre. Fue fundador del periódico Público Milenio, consejero, y durante trece años columnista gastronómico, en su sección de El Caldero en la edición dominical, donde se remontaba a la historia culinaria y ofrecía recetas –fue un extraordinario cocinero–, y en su crítica gastronómica en Del Fogón a la Mesa, en el suplemento Ocio, que firmaba como Rafael del Barco –con su inseparable esposa Mercedes. Era pulcro en su escritura, rigurosamente documentado; compartía con generosidad a sus lectores sus conocimientos y sus puntos de vista sobre restaurantes a los que criticaba siempre de manera constructiva con sólidos argumentos. Entre sus comedores favoritos incluyó a Recco, Anita Li, Da Massimo, Echemari, Hacienda Navarro, i latina, El Libanés, Little India, Los Otates, P.F. Chang, Pierrot, Salón del Bosque, Suntory, Sagrantino y los Tacos Providencia, entre “tantos otros que me proporcionan grandes satisfacciones”, como escribió en Ocio en su último texto.
En la redacción recordamos su generosidad tanto en las letras como en los sabores; alguna vez sorprendió a la sala de redacción cuando se presentó con un pastel de chocolate con chile, receta de un restaurante de Nueva York, que horneó en casa y luego nos llevó a probar. También los compañeros pudieron deleitarse con las roscas de Reyes que obsequiaba al diario.
Curiosamente hace un par de semanas se despidió de sus lectores, dejó sus columnas por razones personales, y hoy le decimos hasta pronto con mucho agradecimiento como maestro periodista, como maestro del uso del español, como el primer y más completo crítico gastronómico de la ciudad. Gracias Juan Pablo.



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