labutaca
De una nominación a nueve Óscares se llevó seis, entre ellos Mejor Dirección, que son el sello de garantía de este comentado filme bélico
ZONA DE MIEDO The hurt locker.
Imprescindible. Directora: Kathryn Bigelow.
Con Jeremy Renner, Anthony Mackie, Brian Geraghty y Ralph Fiennes.
Estados Unidos, 2008. Duración: 131 minutos.
www.thehurtlocker-movie.com/
“La guerra es una droga” es la frase del corresponsal de guerra Chris Hedges con la que comienza el nuevo filme de Kathryn Bigelow, Zona de miedo, y la cita y las primeras imágenes sobre un escuadrón antibombas estadounidense en Irak (que destaca por su realismo gracias al uso de la cámara en mano y el punto de vista objetivo), son los correctos para meter desde el primer cuadro al espectador en una historia que nunca deja de ser inteligente, intensa, propositiva e intelectualmente retadora, convirtiéndose de tajo en la mejor película en la carrera de la ex esposa de James Cameron y una de las mejores del género de años recientes.
La carrera de Bigelow se ha caracterizado por su gusto por la acción y la excesiva testosterona, que curiosamente hacen a su obra muy masculina. Algunas de sus mejores películas, como Near dark (1987), Punto de quiebra (1991) o Días extraños (1995) —cintas de género pero valiosas por innovadoras, tanto temática como visualmente—, desmerecían ante el abuso de diálogos acartonados y machistas y el culto por la acción extrema. Por fortuna, los excesos visuales y narrativos quedaron atrás para Bigelow con esta nueva obra.
Parece que la cineasta se tomó muy en serio la profundidad de la frase de Hedges y el tratamiento del guión de Mark Boal, cuyo único trabajo previo es la también bélica En el valle de Elah (Paul Haggis, 2007), y ser contenida, honesta y veraz en Zona de miedo se convirtió en su primer reto, el cual logró con creces.
La historia sigue a pocos personajes, soldados de distinto rango durante los últimos 40 días de su misión en Irak. Cada uno tiene diferentes maneras de lidiar con el estrés y el miedo de exponer diariamente sus vidas, en una tierra donde no son queridos. El tema, tan sensible aún por la presencia de Estados Unidos en Medio Oriente, daba para ser patriotero, melodramático y chapucero, pero Bigelow mantiene la objetividad durante los 117 minutos de la película. A lo que no renunció fue a ser propositiva y ante la ausencia de sus propios lugares comunes (pirotecnia visual, acartonamiento), encontró que la contención y el realismo le daba espacio para construir una historia y personajes mucho más íntimos y complejos, que al mismo tiempo caben en un filme de género, que marca un antes y un después en la estética y la narrativa del cine bélico. Esta cualidad, que tal vez tarde años en ser reconocida en todo su valor, es mucho más importante que los nueve Óscares a los que estuvo nominada.






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