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OCIO | La guía para vivir la ciudad
Levon Helm (1940-2012)

A los 71 años, la vida derrotó al baterista y voz en The Band. Como todo buen forajido del country que se refugió en el rock, lo hizo mirando al horizonte, entre el polvo y el Sol, con la música siempre a cuestas

 

No solamente fue el encargado de poner y llevar el ritmo en la legendaria The Band, también impuso, con su voz, un estilo y sello que se dio a conocer masivamente como el respaldo eléctrico de Bob Dylan, para después forjar su propia leyenda mediante canciones inolvidables y hoy clásicas. Virtuoso baterista y vocalista, fue sobresaliente entre unos talentosos compinches y eso nunca podrá ser poco. Por eso duele su partida. El 19 de abril de 2012 será recordado como el día en que las baquetas callaron, en que la batería se cubrió con una manta negra. Como la fecha en que la música alternó su llanto con lágrimas de folk, country, rock, blues. Descanse en paz el gran Levon Helm. De The Hawks a The Crackers a The Band, su grupo merece un texto aparte, pero esta bocina va dedicada a él.

Nacido en Arkansas en 1940, fue inspirado a sentarse detrás de los tambores por Jimmy Van Eaton, quien hacía lo propio en el grupo de Jerry Lee Lewis. Desde joven fue buen instrumentista, y a los 20 años se unió a la banda de soporte de rockabilly de Ronnie Hawkins, en donde conoció a Robbie Robertson, Garth Hudson, Richard Manuel y Rick Danko, con quienes formó posteriormente The Band (el único gringo entre puros canadienses). En el verano de 1965, el visionario Bob Dylan les llamó para ver si Helm y Robertson querían unirse a su grupo de soporte al volcarse a lo eléctrico. “Nunca habíamos escuchado a Dylan”, comentó Helm a la Rolling Stone en 1968, “pero él a nosotros sí, y dijo ¿‘quieren tocar en el Hollywood Bowl’?, le preguntamos ‘¿quién más estaría en el show?’, ‘sólo nosotros’, dijo”.

Esto dio pie a varias colaboraciones e intermitencias con don Bob (Helm dejó la banda un tiempo, debido a las duras críticas y respuesta negativa de los fans del autor de “All along the watchtower” por usar electricidad), que los curtió bajo los ventarrones polvorientos del rock folk de sabor country, y que desembocó en la conjunción última de The Band. Y si Robertson era el genio que más aportaba, Helm terminó siendo la voz necesaria entre virtuosos que también cantaban. Y el corazón y el alma con acento de americana. Con Manuel intercambiaba el micrófono (tocando mandolina) por la batería (ocasionalmente era guitarra y bajo), y dos discos se necesitaron para dejar plasmado en la posteridad la grandeza de la unión, Music from Big Pink (1968) y The Band (1969), más el concierto de despedida, en 1976, filmado por Martin Scorsese, The last waltz.

Tras la ruptura de The Band, en la que Helm no estaba de acuerdo y eso agrió su relación con Robertson por años (en 1994 no acudió a la inducción del grupo en el Salón de la Fama), hizo su banda, Levon Helm and the RCO All Stars, con figurones como Steve Cropper y Booker T. Jones entre muchos otros prestigiosos músicos, y con Danko, Manuel y Hudson formó una nueva versión de The Band en los ochenta. Grabaron tres discos hasta que la muerte de Danko, en 1999, le puso fin a la colaboración. En su carrera, llegó a salir de gira con Ringo Starr y su All-Starr Band, tocó junto con Hudson y Danko en The wall, de Roger Waters, en Berlín en 1990, y en 1993 editó su autobiografía This wheel’s on fire–Levon Helm and the story of The Band.

En un duro golpe irónico, en los noventa le fue diagnosticado cáncer de garganta a quien no sólo fue de los primeros bateristas cantantes, sino uno de los mejores. Fueron duros años de prueba, de tratamientos y de pérdida y recuperación de la voz, en una demostración de tesón, pasión y talento. En 2007 regresó con Dirt farmer, que le dio un Grammy por Mejor Álbum de Folk Tradicional (en 2008), y Electric dirt, de 2009, le repitió galardón en la recién estrenada categoría Mejor Álbum de Americana (en 2010). No dejó de tocar, hasta que en fechas recientes a su salud se le acabó la fuerza, canceló shows, y se preparó para la posteridad en las etapas finales del cáncer. Su pasión fue la música hasta el último día, y no solamente eso, también hizo de ella un arte que convidó a granel y para eso, bastantes pruebas se remiten, se repiten, y seguramente se repetirán una y otra vez mientras exista la música. Como epitafio, este video de 2010. Adiós, don Helm.

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