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En la búsqueda de tesoros musicales, cualquier día y en cualquier momento sucede un pequeño milagro. Un regalito de la vida, un ratito de gozo que viene de algo que uno desconoce. Así he encontrado canciones nuevas y viejas que me han atrapado, quizá sólo para un contoneo festivo, para dar unos brincos guapachosos, o de plano canciones que se quedan entre mis favoritas de siempre.
¿No les ha pasado que de repente escuchan una pieza en la radio y quisieran que el locutor repitiera el título y el intérprete? Y resulta que no lo hace, y es como si se le fuera algo suyo entre las olas mientras intenta esquivarlas para nadar en el mar, y lo ve hundirse en la espuma con cierta tristeza y nostalgia: “Ay, allá va ese anillo que tanto me gustaba”. Se los platico porque ya me ha pasado. Y es así con la música, si no tenemos opción de repetirla, sólo se nos va la oportunidad de saber algo de ella para buscarla, conseguirla, grabarla y repetirla una y otra vez.
A mí me ha sucedido muchas veces, la última fue en mi más reciente visita a la ciudad de México. Cuando por fin tuve un rato libre decidí buscar unos pantalones de mezclilla, no tengo mucha suerte con ellos, no cualquiera me gusta cómo se me ve, no soy una chica de pantalones, soy más bien de minifaldas, como dice Bichir en conocida película mexicana: ”Lo mío, lo mío, lo mío son… las minifaldas”. Total que caminando por ahí me encontré un Liverpool, en el DF hay uno en cada colonia, andaba por Insurgentes, creo. Entré y me encontré varios pantalones mexicanos de cortes que me agradaron mucho. Me metí al probador y la verdad no pude concentrarme porque una tonada se apoderó del momento y me envolvió, apuré en ponerme mi ropa para salir a ver de dónde venía. Corrí y salí desfajada, descalza, y por fortuna tenían monitores sintonizados en VH1, y al final glorioso, se dejó ver el título de la rola y el grupo. Como pude intenté memorizarlo, mientras sacaba mi cuadernito, que aunque no lo crean tiene un apartado que titulé “Música para escuchar”.
Esa canción tenía algo, la voz me jalaba, se entrecortaba; se escuchaban unas cítaras de repente, parecía un juego de palabras; el requinto era aceitoso, “acidón”, una batería precisa, seca, se me quedó grabada la tonada … era Donovan y su “The hurdy gurdy man”. Nunca lo había escuchado, no lo conocía…
Y sin esforzarme mucho encontré que se trataba de un escocés cantante de folk, con fuerte influencia de Bob Dylan. Que viajó a India y ahí escribió muchas de sus canciones. “Hurdy gurdy man”, es una de sus piezas más conocidas, y en ella contó con las manos que Jimmy Page, guitarrista de Led Zeppelin (cuando la grabó aún era parte de The Yardbirds), y del baterista Clem Cattini, un viejo lobo de mar musical también. Según leí por ahí George Harrison escribió una versión de ella.
The hurdy gurdy man también es nombre del álbum que grabó a finales de 1967. Donovan gozaba del budismo zen y en algunos de sus coros usaba mantras. Y ¿qué es eso de hurdy gurdy? Se supone que es un instrumento musical llamada zanfona, una especie de gaita. Y el hombre que vive en la canción de Donovan canta con ella canciones de amor:
Thrown like a star in my vast sleep
I open my eyes to take a peep
To find that I was by the sea
Gazing with tranquillity.
'Twas then when the hurdy gurdy man
Came singing songs of love,
Then when the hurdy gurdy man
Came singing songs of love
Pues no me he cansado de oírla, la pieza que él llama "folk-metal", me recuerda mucha de la música británica oscurita ochentera que escuchaba en la prepa. Y así como encontré este regalito de Donovan con los pantalones abajo en un probador, me queda claro que las antenas deben estar atentas, no sea que me pierda de otro hallazgo que me dé tanto gozo.









