cronicas
Este sábado el IV Festival de la Cerveza provocó filas que llegaban casi al centro comercial cercano al Metropolitano, en el interior la variedad de actividades mantuvo a todos entretenidos. Hoy es su último día
IV Festival de la Cerveza
PARQUE METROPOLITANO
14, 15 y 16 de octubre de 2011
La entrada al festival fue fluida por la tarde del sábado, al pasar las 19:00 horas la demanda creció y la fila daba la vuelta y estuvo a punto de llegar a la plaza comercial. Al entrar era posible ver los más de 35 estands cerveceros que rodean el perímetro del lugar. Ale, lager, lambic, tres de las familias de esta bebida hecha de levadura, malta, lúpulo y agua, estuvieron presentes, provenientes de diferentes ciudades de la república y de algunos países. Los sabores desafiaron lo imaginable y despertaron gusto e interés por nuevas propuestas. Fue una oportunidad para pequeñas empresas de mostrar la calidad de su producto al competir con las dos marcas más conocidas, que presentaron los locales más vistosos, simulando un pequeño bar o con enormes pantallas con su nombre. Una de las más concurridas fue la de Miller, en la entrada un modelo servía la bebida pasándola a través de un embudo por una escultura de hielo, los interesados pagaban y tomaban al terminar la escultura, toda una lata, doblemente fría y bajando con velocidad, hubo quienes se retiraban antes de beberla toda. Destacó Poe Brown Ale, un brebaje artesanal de cuerpo medio a robusto con sabor que combinó el chocolate, caramelos y nueces, recomendado según los encargados del lugar para acompañar asados de carne, comida picante, pizzas y quesos maduros.
Había ofertas de barril, ganadoras de premios nacionales como Cucapá con sus galardonadas versiones Green Card, La Migra y Chupacabra, de reconocimientos internacionales como la Tijuana y otras que principian en el negocio y ofrecían muestras que nadie negaba.
Los estands presentaron diferentes estilos, con un tono inglés, con muebles de madera, con mesas y sillas para disfrutarla, y otras sólo cubetas de metal como si se tratara de una fiesta en la cochera. Al final del recorrido había opciones para seguir la diversión, el área de juego para adultos retaba la estabilidad de los alimentos en el estómago, un par de bicicletas que daban vueltas al pedalear, y con la ayuda del encargado empujando eran las más asediadas, aunque pocos lograban dar la vuelta de 360 grados, la mayoría se mareaba a los primeros segundos y gritaba que se detuvieran cuando las náuseas estaban a punto de arruinar la diversión. Por la tarde el área de guardería estaba desierta, no el caso del Kid’s Club, mientras los padres se sentaron en el pasto a descansar, los niños jugaban en los brincolines. El área de comida ofreció variedad también. Brochetas de camarón, tacos, botanas, el soldado con el arma invisible de la conocidas alitas estaba presente, pero el aroma de los tacos al pastor era el predominante. Nadie iba solo, al menos con un amigo pero la mayoría en grupo se congregó a esta celebración cervecera. La música siempre estuvo presente, Carlos Avilés tocando rock en Las Horas Muertas o los chicos de The Adela Band con su sonido indie crearon el ambiente, y los oídos de los asistentes fueron atraídos al escenario cuando alguien nuevo ingresó.
Cabe destacar el trabajo de limpieza durante el transcurso del día; a pesar de regalar un vaso conmemorativo, muchos estands obsequiaron desechables , y el personal de limpieza siempre estuvo atento y se evitó el piso hecho de vasos que comúnmente acompaña estos festivales. Sólo pocos acentos extranjeros, la mayoría eran locales que habían esperado todo un año por esta ocasión, como algunos comentaban en pláticas entre amigos.
Cervezas de autor, alemanas, con edecanes o sin ellas, con elaboradas presentaciones o con sencillos decorados y enorme espíritu y amor por esta bebida refrescó el fin de semana tapatío.


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