guias
Un vivero vertical recibe a los comensales de este nuevo restaurante del pabellón gastronómico de López Cotilla: VuleVu, con un menú franco italiano
VuleVu
H: Ma-S de 13:00 h a 1:00 am. D de 13:00 a 18:00 h.
López Cotilla 1886, esquina Miguel de Cervantes
T/3616-3064
Sobre el corredor gastronómico de López Cotilla encontré una perlita y se llama VuleVu. De entrada, su fachada regala a nuestros ojos un vivero vertical: sobre la pared superior adaptaron una malla que contiene la tierra y de la que salen las coquetas plantas, como si rebeldes se abrieran paso y salieran a tomar el sol y a saludar a los paseantes. Quizá si camina sobre la acera no lo vea, tendrá que subir la vista o cruzar la calle para apreciar los vivos y tupidos ejemplares verdes. Después lo espera el salón-terraza que da a la calle y que está decorado con colores madera, beige y verde olivo. Mesas de madera, sillas como de director de cine en lona de color claro, algunas paredes tapizadas con páginas de alguna revista o diario añejos, y también algunos objetos sacados de otra década olvidada.
La carta ofrece un poco de todo y nosotros elegimos un carpaccio de pulpo copeteado con cilantro, cebolla y jitomate, muy suave, fresco y de buen sabor, que acompañan con una sabrosa salsita de habanero no tan picante como la esperaba, con pan de caja ligeramente tostado. Lo disfruté mucho junto a una copa de vino rosado francés Chamarré de uva shiraz y grenache, al igual que la carne tártara, que llegó fría, apilada, escoltada por una ensalada de lechugas y unas nada afortunadas papas a la francesa que parecía habían salido de una triste bolsa de plástico; a ellas olvídelas y concéntrese en estos trozos crudos, bien aderezados con mostaza de Dijon, y alcaparras picaditas. También probamos una ensalada VuleVu, con jamón serrano, jitomate confitado, y tostones de pan con tapenade (pasta de aceituna negra) y con queso de cabra maduro gratinado con parmesano, bañada con una vinagreta sencilla; y para seguir en el tenor verde, optamos por una alcachofa cocida con espárragos, que incluye tres aderezos (vinagreta de balsámico reducida, alioli y aderezo francés con mostaza), para sólo mojar y luego morder. El pan llega calientito a la mesa en cuanto uno se sienta, junto a un cuenco de crema agria con ajo y cebollín, que amansa el apetito mientras llegan los platos elegidos. El servicio es de verdad cálido y amable, tanto, que al no poder servirnos el postre que elegimos primero (paletas Manhattan que anuncian en su menú), nos regalaron dos copas de vino espumoso francés muy rico y un crème brûlée que más bien me recordó a una crema catalana por su presentación en plato de cerámica, con una gruesa capa de caramelo, de buena textura y sabor. Me agradó mucho que tienen varias opciones de vino por copa, incluido el rosado, y que la música de fondo incluía el surf californiano de Los Straitjackets. Seguro volveré para probar su sopa de tres cebollas, el magret de pato, sus mejillones a la crema o las tostadas de atún. También sirven pastas y pizzas, botellas de caldos mexicanos, franceses, chilenos y argentinos, y los destilados de rigor: whisky, tequila, ron, vodka, brandy, más aperitivos y digestivos. Y no podía faltar la barra de café. Según nos contó su amable chef Juan Luis Pablo, VuleVu es una sucursal de la ciudad de México, que se llama Le Pastaga y se encuentra en la colonia Polanco (Virgilio 8).
Pormenores
Música del mundo a buen volumen. Baños bonitos e impecables. No cuenta con estacionamiento. Aceptan tarjetas. Miércoles de jazz en vivo








