laentrevista
A propósito de la reunión de obra realizada entre 2001 y 2011 a manera de retrospectiva, pero también la presentación de nuevos trabajos, Sergio Garval nos dilucida su trabajo, su proceso creativo y otros detalles sobre su vida como artista
Sanctasanctórum
Escultura, dibujo y pintura de Sergio Garval.
Inauguración: 16 de mayo, 20:30 h.
H: MA-D de 10:00 am a 18:00 h.
INSTITUTO CULTURAL CABAÑAS.
Cabañas 8, Plaza Tapatía. T/3668-1647.
Boleto: $70 adulto extranjero; $35 adulto nacional,
estudiantes y maestros extranjeros con credencial;
$10 adulto mayor con INSEN, estudiantes y maestros nacionales
con credencial y niños de 6 a 12 años. Martes entrada libre.
Clausura: 30 de junio
De 2001 hasta hoy. La obra de Sergio Garval de este periodo es reunida en un gran esfuerzo de logística y curaduría, encabezado por Ricardo Duarte, viejo amigo del artista, en el Instituto Cultural Cabañas en el marco del Festival de Mayo. La ocasión perfecta para asomarse a la desolación e ironía del complejo ser humano plasmada por el artista tapatío.
Datos biográficos
Sergio Garval (Guadalajara, 13 de junio, 1968). Egresado de la Escuela de Artes Plásticas de la UdeG. Ha trabajado de manera continua y prolífica desde 1994, y desde entonces ha presentado innumerables exposiciones individuales y colectivas. La columna vertebral de su trabajo es el dibujo, del que surge un cuantioso trabajo pictórico y, en menor medida, escultórico.
El proceso creativo (La noche)
“Trabajo por la noche porque hay una ausencia de elementos distractores, me da un estado anímico especial, abierto a pequeñas catarsis. Es una atmósfera que permite llegar a un estado de gracia, de lucidez y sensibilidad. Esta claridad nocturna me permite intentar una danza con el diablo, jugármela, estar en la orilla del abismo y llegar a esa frontera que pone al límite tus capacidades. La música me ayuda, es detonadora de éxtasis, de epifanías. Creo que la inspiración puede ser autoinducida, tienes que crearla con procesos emocionales. Tampoco me gusta escatimar, me gusta morir en la línea con cada exposición. No tengo días... hay tiempo de trabajar y tiempo de reponerte.”
La obra 1 (El espejo)
“El punto central es el individuo. Todo gira a partir de él, sus acciones, su entorno, su medio, y cómo tienen una relación estrecha con su psique, sus emociones, con su existencia. No me considero un optimista, los seres humanos somos oscuros, depredadores, existe todavía una fuerte cuestión animal en nuestra natura. Y más que ver lo bueno o lo malo, quiero ver su estado natural, sus complejidades, hacer un registro de lo que somos como especie. ¿Sabes?, la idealización pura nos acartona, nos hace un cómic de Disney. No somos eso, aunque muchos lo quisieran. Es una lucha continua en contra de esa imaginación. Al trabajar, surgen grandes preguntas, incertidumbres, un acto de reflexión que implica llegar a puntos de reencuentro con nosotros mismos”.
La obra 2 (El reflejo)
“Tiene que existir una coherencia entre técnica y temática. Estos personajes más recientes se desarrollan por espacios distintos y luego coinciden, dan señales de lo que viene. He ido de la acumulación de objetos a piezas más gestuales... el desarrollo, la obsesión, es generar una síntesis de todo esto, asimilarla y después descomprimirla, dejar que explote”.
Ser artista visual (En la era de la información)
“Me siento tranquilo, satisfecho. Creo que he llegado a una madurez intelectual, artística, que me da una plataforma en la que me reconozco con virtudes y limitaciones. Me interesa aportar, descubrir... y bajo esta línea, el gran peligro es desdibujarnos en este tsunami de información, perder la identidad... Hay que tener cuidado y tomar parte de él pero no dejarse devastar”.
El otro (El ojo que mira)
“Me encanta estar atento a la confrontación de la obra con el público, me gusta preguntarles sobre ella y observar su contexto. Es algo que me divierte e incluso me sorprende. Busco que el espectador tenga un papel activo, y busco crear obra con una lectura amplia y abierta a juegos de interpretación”.
La retrospectiva
“Por sus características, ha requerido un esfuerzo poco común. Pero provoca un buen momento para algo nuevo. Ahora el reto son estas esculturas de madera que presentaré, que inauguran una nueva etapa con el interés de acumular piezas de gran fuerza iconográfica en este material y también en bronce. Ricardo, un viejo y buen amigo, conoce mi obra desde que fuimos compañeros de Artes Plásticas. generación 87-92, está al tanto de mis procesos, le ha dado un seguimiento a mi carrera, así que es el curador idóneo. Tiene una gran capacidad para desarrollar un proyecto de estas magnitudes (se han recolectado decenas de piezas distribuidas en varios países), de una manera sencilla, y además, es un gran curador. Y aunque todo esto implica un gran desgaste, es muy excitante, pura adrenalina. Lo que más me emociona es ver piezas que hace años que no veo y por las que siento cariño, el cambio en la concepción plástica de este tiempo me da enseñanzas, pero también me resulta divertido. Y además esta presión me lleva a trabajar al extremo, dar todo de mí y eso es muy gratificante. El proceso culmina y luego se desborda”.







