columnas
Sus antecedentes directos son Crosby, Stills, Nash & Young, o bien los Traveling Wilburys que conjuntaron a Roy Orbison, Bob Dylan, George Harrison, Tom Petty y Jeff Lyne. Se trata pues de otro dream team musical, ahora más encaminado al folk, aunque presentarlo así es no hacerle justicia del todo. Se hacen llamar Monsters of Folk y es así como también han bautizado a su primer álbum, uno de los discos más celebrados y refinados que se hicieron en el ámbito de la música norteamericana en 2009.
Connor Oberst y Mike Mogis han trabajado juntos de años a la fecha en el proyecto Bright Eyes; el primero es considerado uno de los talentos más sólidos de la canción anglosajona de nuestros días, a la par, digamos, de Ryan Adams, Benjamin Gibbard (Death Cab For Cutie) o la pelirroja Jenny Lewis (Rilo Kiley). Jim James es el vocalista de My Morning Jacket, uno de los grupos de rock y folk más destacados de la actualidad, contemporáneo de Clem Snide, The Dirty Projectors o The National; parte de una generación de músicos que han venido haciendo cosas a lo largo del nuevo siglo más interesados en sumar títulos a su discografía que en conseguir fama con urgencia. Y, finalmente, M.Ward es otro de los cantautores que, desde un bajo perfil y ya con siete discos a su espalda, ha conseguido ser considerado una de las nuevas voces del folk norteamericano; mentor también del dúo She & Him. Juntos han dado vida a Monsters of Folk, el cuarteto responsable de las quince deliciosas canciones que incluye su álbum de debut, en las cuales si bien el folk es una referencia constante, también lo son el rock, la música country y el soul blanco.
Monsters of Folk da inicio con “Dear God (Sincerely M.O.F.)” (Querido Dios (Sonceramente M.O.F.), en la cual se nota ya el trabajo vocal que marca el sonido del proyecto. La canción es una especie de reclamo al creador, cuya letra está cantada en partes por cada uno de ellos. “Whole Lotta Losin’” (Mucho que perder) los acerca al sonido que acuñaron años atrás los Traveling Wilburys, el guiño de ojo a una de sus indudables influencias en esta empresa. “Temezcal” tiene el aire de Oberst, una baladita suave cuya atmósfera nos transporta a Tepoztlán, poblado en el que el guitarrista y cantante grabó su primer disco como solista de 2008. En una de sus frases, Oberst canta: “Sudando todos mis secretos en el temazcal. Están gritando en la calle que una estrella está a punto de venirse abajo.” “The Right Place”, con la aterciopelada y afinada voz de James al frente, explota la querencia que el grupo tiene hacia lo campirano, lo netamente country. Y “Losin’ Yo’ Head” exhibe su lado más contundente, eléctrico y visceral.
Obligados complementos
Ya que nos acercamos al trabajo de estos engendros del folk, a continuación una serie de sugerencias que complementarán la escucha de ésta, su primera colaboración, grabada por cierto entre Omaha, Nebraska y Malibú, California.
2005 fue el año en que Bright Eyes lanzó al mercado dos discos simultáneamente. Uno más encaminado hacia el rock de raíces, I’m Wide Awake, It’s Morning (Estoy totalmente despierto, es de mañana) y otro más hacia el rock eléctrico de nombre Digital Ash In A Digital Urn (Ceniza digital en una urna digital). De estos, es el primero el que ofrece una mejor prueba del talento de Oberst para hacer canción. Participa en éste la legendaria cantante Emmylou Harris. En cuanto a My Morning Jacket, su prestigio está muy ligado a la aparición de Z, paradójicamente también editado en 2005, un trabajo en el cual el quinteto que encabeza James despliega de forma elocuente su abanico de recursos a favor de un ambicioso rock de acentos sureños. Y, con respecto a Ward, su disco más reciente, Hold Time (Retén el tiempo), editado en México por la etiqueta Arts & Crafts, tercero de una cadena de lanzamientos que han sido muy bien recibidos, es decir posterior a Transistor Radio de 2005 y Post-War (Posguerra) de 2006, es una muestra más de su suspicacia como compositor.
Testimonio de la pasión de su generación hacia estilos musicales que tras 50 ó más años de vida aún nos hacen saber que queda mucha sangre en su venas, Monsters of Folk es un álbum que no decae ni en inspiración ni en orfebrería sonora.





