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Soñaron despiertos
El Bicho

Como una invitación para disfrutar la literatura, una serie de divertidos personajes hicieron reír a una veintena de tapatíos

Caballeros andantes eran los de antes
Domingo 29 de abril de 2012
Compañía teatral La Nave de los Locos
TRES23 TEATRO ESTUDIO

 

Con imaginación y amor por los libros principió la tarde del domingo. Y es que Caballeros andantes eran los de antes —texto argentino retomado por la compañía La Nave de los Locos—, cautivó a una veintena de tapatíos que se dieron cita en el recién abierto Tres23 Teatro Estudio, para presenciar una historia inspirada en la obra Don Quijote de la Mancha de Miguel Cervantes.

Pasadas las 13:30 horas, la segunda llamada hizo tomar asiento a los asistentes con música de Yann Tiersen, y dos ventiladores fueron colocados para refrescar los rostros de pequeños y adultos.

“Comenzamos…”, se escuchó diez minutos después y un séquito de personajes arribó desde los costados de un fondo que simuló un barrio colorido; Atilio, Juancho, doña Amalia, Lucinda, el Rey de los Mendigos, y hasta un cartero dieron la bienvenida. Todos regresaron a las bambalinas, a excepción de dos.

“Yo era el ingenioso don Quijote de la Mancha, pero ¿cómo llegué hasta aquí?”, se preguntó Atilio de pie en una pequeña silla. “¡Don Atilio!, ¿qué le pasa, qué hace ahí arriba? Bájese, ¡mire que después le dolerá la cintura!”, gritó doña Amalia con escoba en mano.

El primero resultó un hombre convencido de ser el mítico personaje, y la segunda, una mujer dedicada a cuidarle. Aunque para los ojos de Atilio, se trató de una verdadera bruja.

De principio a fin la risa fue la constante del respetable y se intensificó con la llegada de Juancho, un glotón vendedor de periódicos que terminó por aceptar la propuesta del protagonista: convertirse en Sancho, su escudero para vivir aventuras.

“¿Cómo me veo Juancho?”, preguntó el ahora don Quijote al empuñar escobas, trapeadores y portar artículos de cocina, “como el hombre de hojalata”, contestó con simpleza Sancho.

La dupla conoció al Rey de los Mendigos y hasta luchó contra supuestos dragones, todo bajo una dinámica que incluyó interacción con el público, efectos de humo, música y un dominio total del espacio; por ejemplo, un andamio fue aprovechado para recrear distintas situaciones y recorrido de arriba abajo por algunos actores.

Para la recta final del montaje, un cartero muy bailador entregó una carta de amor a Lucinda, quien se convirtió en Dulcinea y no paró de llorar cuando imaginó el rechazo del Quijote, al saberle verdulera y no una princesa.

El resto de los personajes tramaron un encuentro entre los enamorados. Por un lado, el apenado Atilio que recuperó la razón y conoció todas las locuras cometidas al creerse don Quijote, y por otro la nerviosa Lucinda; ambos confesaron la alegría de soñar despiertos a través de las bellas palabras que encuentran lugar en la literatura, y se fundieron en un abrazo.

En punto de las 14:40 horas, el público marchó a casa tras otorgar una serie de aplausos que pusieron punto final al montaje. Hubo quien acudió a un vendedor de paletas del exterior y otros que decidieron caminar por la calidez de los alrededores de la colonia Americana.

Caballeros andantes eran los de antes ofrecerá función todos los domingos de mayo a las 13:30 horas en Tres23 (Argentina 323, a una cuadra de Libertad).

 

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