columnas
Este año me tocó vivir la Feria Internacional del Libro de una manera un tanto especial. Sin quererlo fui a visitarla la mayor parte del tiempo con un gran amigo, el Chivo, este caballero tiene un sentido del humor que te desternillas de la risa, también tiene un ingenio para sacarle provecho a los momentos de la vida de la forma más original, como sentarse a tomar un café y aprovechar para conocer a toda clase de personalidades. Por ejemplo, nos tocó platicar con la directora de canales de distribución de Villegas Editores, una editorial colombiana, y fue interesante escuchar el panorama de la edición en aquel país sin tener que ir a una conferencia, sino más bien en plática sentaditos en la terraza del área internacional. También nos tomamos una foto con Boogie elAceitoso, y saludamos a un montón de gente que años tenía de no ver.
Pero hay un detalle que necesito comentar. Mi amigo anda en silla de ruedas y ahora que me tocó deambular por las calles de la FIL con él, disfrutar los conciertos y asistir a conferencias, me di cuenta de la carencia de infraestructura y organización que tiene la feria para personas que ruedan por el mundo. Tengo que decirlo públicamente que es increíble que en una feria internacional y que se denomina la más importante de Iberoamérica, haya áreas que simplemente están vedadas para cierto tipo de personas. Lo cual no fue un impedimento para mi amigo que cuando quiere algo lo consigue.
Primero: los salones que se encuentran en la parte trasera del área internacional, en el segundo piso, no tenían acceso más que por las escaleras. Bueno, pues para el Chivo que estaba determinado a asistir a la plática sobre derechos de autor, esto no fue impedimento. Le pidió a dos caballeros que lo ayudaran a subir. Ahí vamos todos tambaleando.
Segundo: en la mayoría de los conciertos de la explanada lo dejaban pasar en la parte de adelante. Muy bien, pero el último concierto fue la excepción, no hubo espacio enfrente así que tuvimos que acomodarnos en cualquier lugar. Mi amigo disfrutó el espectáculo escuchando, pero viendo la espalda del parroquiano que se encontraba delante de él. Cuando la lluvia cesó pudimos salir del tumulto para que lo pudiera ver a través de los proyectores.
Ni se diga la aventura que es para él salir a la calle, muchas aceras, no cuentan con rampas, lugares que no tienen acceso, etcétera. Lo más curioso del asunto es que a cualquiera nos puede pasar, sin embargo, como todo buen ser humano, no se nos cruza por la cabeza las necesidades de ellos hasta que caminamos a su lado o simplemente nos sucede a nosotros.
Recuerde que ninguno estamos exentos de rodar por el mundo, tampoco nuestros familiares o amigos, es bueno tener en cuenta esto para así ver con otros ojos la ciudad, un lugar, una feria del libro.



Delicious
Digg
StumbleUpon
Propeller
Reddit
Magnoliacom
Newsvine
Furl
Facebook
Twitter
Google
Yahoo
Technorati
Icerocket



