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Technicolor Fabrics o las bendiciones de Semana Santa

Una banda tapatía que no tiene prisas, pero avanza sin esfuerzo en las ondas radiales, la fibra óptica y sobre escenarios, haciendo migas con músicos franceses o alemanes. Y apenas van por el segundo larga duración

 

Que a nadie le sorprenda que los ciclos se cierren y que no haya fecha que no se cumpla. Qué curioso es cuando uno se da cuenta de los patrones hasta que mira atrás en la propia historia, y esto es algo que le sucedió a Abraham López, baterista de Technicolor Fabrics, cuando contó a Ocio la todavía corta, pero prolífica carrera de esta joven agrupación tapatía.

Juan Pablo Corcuera (vocalista) y Joaquín Martínez (bajista), se conocieron desde que estudiaron en el Instituto de Ciencias. Abraham y Juan Pablo coincidieron en una fiesta, en la que, ya entrada la noche, palomearon y pusieron sobre la mesa la idea de hacer algo juntos, como dúo; sin embargo, al poco tiempo se dieron cuenta de que necesitaban un tercer elemento, así que Raúl Cabrera (guitarra y sintetizadores) se unió a las filas del incipiente ensamble. Joaquín tardó un rato más en agregarse a la alineación, pues ya era vocalista en un grupo por su lado, el cual no era precisamente el sonido que estaba buscando el entonces trío: Inodoro, banda de punk. Ante la duda de si el estilo agresivo de Martínez podría aportar algo interesante al resto de los muchachos, Juan Pablo despejó las dudas basándose en los años que tenía de conocerlo, y  Joaquín adaptó bien sus habilidades como bajista al pop alternativo de Technicolor Fabrics. Era Semana Santa de 2007.

A lo largo de ese año trabajaron de lleno en la composición y al definir la dirección del grupo, que recorre un camino parecido de otros como The Stills, Phoenix, Whitest Boy Alive y más de la ola indie que explota las guitarras del shoegaze y las combinan con un set de sintetizadores (modernos y aquellos que sobrevivieron a decenios pasados), que en ocasiones los acercan más al dream pop. Para la realización del primer disco contaron con la asistencia de Siddartha como productor, quien le dio clases de batería a Abraham, y desde entonces ha sido uno de los colegas cercanos —con quien hasta han compartido escenario (cuando vino Phoenix a Guadalajara, en febrero pasado)—, que colaboran con ellos. El disco se grabó en Semana Santa de 2008.

Desde esa fecha comenzaron a girar en el país: Monterrey, Campeche, San Luis Potosí, DF, Querétaro, Toluca, haciendo mancuerna con músicos del país y extranjeros: Moby, Austin TV, Plástiko, Underworld, The Dears, Titán, Sussie 4, Nortec, Phoenix y Whitest Boy Alive, las dos ocasiones que vino a nuestra ciudad, y en este año, también en las dos fechas del DF. Que están cerca de Semana Santa.

En fin. Los miembros de Technicolor Fabrics no tienen una formación estricta en el ámbito de la música. Si bien Abraham López estuvo siete años en el coro y estudió algo de piano en la preparatoria, no considera que sea un experto en alguno de los instrumentos que ejecuta. Raúl, por otro lado, asistió a la escuela Fermatta durante un año, pero el resto empezó por su propia curiosidad y pasión artística, razón por la cual agregar nuevos sonidos a la música es toda una experiencia. Así como otras bandas de la escena alternativa nacional (Robota, por ejemplo), los ruidos vintage se apoderaron de la imaginación de los tapatíos, y decidieron incluir un instrumento oldie pero goodie: un teclado Korg MS10, y ¿qué mejor lugar para conseguirlo que en una página de la Internet dedicada al comercio e intercambio entre particulares? Así que Abraham cerró el trato a través de la web y esperó pacientemente el arribo de su reluciente Korg. Cuando abrió el paquete enviado desde el DF, oh, decepción: se encontró con ladrillos en lugar del sintetizador de sus desvelos. Aunque fue otra víctima más del trueque a distancia, no permitió que las cosas se quedaran así, por lo que organizó una emboscada en la casa del timador y gracias a la ayuda de amigos que viven en la capital del país, se presentó de incógnito con el apoyo de sus cómplices. Después de disculpas entre tartamudeos y el sentimiento de intimidación que se apoderó del solitario criminal, les ofreció otro teclado para suplir al que se convirtió en bloques de arcilla color terracota.

Superado ese obstáculo, para explotar al máximo el instrumento, cuentan con la colaboración de Dan Salazar (Ponyrex), a quien ya consideran el quinto elemento de Technicolor Fabrics. Si bien ya han estado junto a músicos que vienen de otras latitudes, los programan seguido en RMX, participaron en un compilado de la revista Marvin y comenzaron —como muchas otras bandas de Guadalajara— financiando sus EPs y el larga duración con dinero de su bolsa, pues no se codean con muchos colegas de la ciudad, a diferencia de otros de la escena local. Esto no quiere decir que no estén interesados en lo que pasa aquí, sino que se consideran un proyecto aparte, que busca otros caminos. ¿En qué consisten éstos? El tiempo lo dirá. Por lo pronto, combinan la música con su trabajo diurno, la organización de eventos con artistas lejanos, la producción del segundo disco (tentativamente con Erik Rubín, quien ya produjo a Neon Walrus su primer EP, agrupación por la cual los Technicolor se animaron a contactar al ex Timbiriche) y sus ensayos, en una bodega dentro de la imprenta donde trabaja Abraham cuando no está componiendo, haciendo tratos por la Internet, o ajusticiando a malhechores del cyberespacio.

Technicolor Fabrics dice

Two Door Cinema Club: componen cosas que ellos quisieran hacer. Este trío inglés ya hacen que suceda lo que Technicolors busca.

Las otras bandas de Guadalajara: acá evolucionan en sonido, pero no proponen.

¿Suave as hell?: les gusta.

¿Radaid?: mejor para disfrutarlo en vivo, que para escucharlo en casa. Es todo un espectáculo verlos ejecutar su batallón de instrumentos.

¿Porter?: en sus inicios fueron muy buenos, además de que crecieron juntos.

Mejor entrevista: con Gonzalo Oliveros, pues nunca pregunta lo mismo. En una ocasión, Juan Pablo y Abraham asistieron a una en cabina, con Oliveros al teléfono desde DF. La primera pregunta fue “¿cuánto cuesta un churro en Guadalajara?”, y la última fue “¿cuándo fue la última vez que fumaron marihuana en un motel?”. Pasaron quince minutos muertos de risa.

¿Foro máximo para tocar?: la VFG, o en el festival Glastonbury. Hace falta un espacio mediano para tocadas, como para unas dos mil personas, que no sea un monstruo como el Telmex.

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