botica
Tal vez un tequila de más de tres mil pesos tenga un mercado limitado. Pero Casa Dragones en verdad vale su peso en paladar. Con cada botella firmada y numerada —además de que su primera producción solamente cuenta con doce mil unidades—, la exclusividad no se exagera sino se acentúa. Antes de tocar la puerta de nuestras papilas gustativas (con una frescura de avellanas, vibraciones minerales y piquetes de pera), la pupila se obsesiona con un color transparente plata que se obtiene gracias a una casi mágica destilación múltiple por columna de agua de manantial. A pesar de que es un blanco brioso, la maestra tequilera Bertha González —una de sus creadores— le dio un giro inesperado a su espíritu para colocarlo en el escalón del extra añejo, aunque carezca del color para comprobarlo.
Cuando se introduce en boca, Casa Dragones no truena con rimbombantes notas. Al contrario, es sencillo y limpio, con esa alma básica que sorprende por su desnudez. Con el paso de los minutos, un rumor de agave cocido va surgiendo indómito, con líneas dóciles de pimienta. Ojo, quienes gusten tequilas fuertes con poder martillante, mejor opten por otra botella pues ésta no brinda agresividad al paladar en lo absoluto. Como es de esperarse, las mezclas con cualquier refresco o jugo serían un sacrilegio de proporciones catastróficas. A lo mucho, acompañarlo con sangrita podría generar una apetitosa experiencia, así que si tienen oportunidad háganlo con toda seguridad. ¿Dónde conseguirlo? En cualquier sucursal de La Europea.



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