labutaca
No se trata de un documental sobre San Salvador Atenco y sus representativos activistas en machete, sino de una historia de amor.
EL LENGUAJE DE LOS MACHETES
Director: Kyzza Terrazas.
Con Luisa Huertas, Jessy Bulbo, Andrés Almeida y Edwarda Gurrola.
México, 2011. Duración: 78 minutos
Acaba de estrenarse la película El lenguaje de los machetes (2011), escrita y dirigida por Kyzza Terrazas, protagonizada por Jessy Bulbo y Andrés Almeida. Una película con el viejo espíritu del cine de los sesenta, sencillo, intimista, realista, cercano al cinema verité.
Aunque suene a nombre de documental de Canal 6 de Julio, no se trata de uno sobre San Salvador Atenco y sus representativos activistas en machete, sino de una historia de amor, enmarcada en la caótica crisis social de nuestros tiempos.
La premiere se dio el 29 de mayo en el Cinépolis Bucareli, a dos cuadras de MILENIO (esa fue una de las dos veces que salí de puntitas de la redacción, para irme de pinta al cine, la otra fue para ver Pina, de Wim Wenders, una bellísima película de danza, antes de que la quitaran de los cines en tercera dimensión).
Ahí estábamos en la última fila de una sala acondicionada para una segunda función: América Pacheco, Wenceslao Bruciaga y un servidor. Muchas caras conocidas: María René Prudencio, Yoshua Okón, Artemio, Luigui Amara, Ana Terán, etcétera.
Pero también se trató de una premiere de alfombra roja y toda la cosa, con Gael García, Julieta Egurrola, Mariana Gajá, Fabiana Perzabal y Amandititita, entre otras luminarias.
Sin embargo, la verdadera alfombra roja, la única capaz de sostener una buena película mexicana en cartelera, es la que lleva a la gente a la taquilla. Hay que ir a los cines, compas. No es una película aburrida, como este periódico aburrido, yo que ustedes lo tiraba y salía corriendo a verla orita mismo.
Felicité a Jessy Bulbo y le dije que volaba para convertirse en “la futura Carmen Montejo”, pues hasta me hizo chillar (conozco a Jessy en otro plan: contando historias en video con muñequitos de Plaza Sésamo y programas infantiles imposibles con Miki Guadamur). Es naturalmente cinematográfica (Kyzza me contó que originalmente había acudido al casting para hacer un personaje secundario, pero que leyó las líneas del personaje principal y se quedó con el papel, así como Keith Moon se quedó como baterista de The Who, después de aventarse un palomazo borracho). Interpretando a Ramona, Jessy ya ganó premios como actriz en Montreal y Austin.
Le pregunté a Kyzza: “Sin que me cuentes la trama, ¿de qué se trata El Lenguaje de los machetes?”, se rió y dijo (fingiendo dramatismo): “Del fracaso”.
Es interesante que el autor defina como “el fracaso” al tema central de su obra, pues para mí es al contrario: “el triunfo”.
Ray (Andrés Almeida) y Ramona (Jessy Bulbo) son una pareja entrando en la madurez. Ella es roquera y él trabaja realizando videos documentales. Ella es hija de un guerrillero de los setenta y él proviene de una familia clase media discretamente mamila (llaman a la sirvienta con una campana).
Los deseos de Ramona por tener un hijo se mezclan con los acontecimientos de San Salvador Atenco, que afectan severamente a Ray, generando una tensión que pretende liberarse en una salida a la playa, la cual, da un giro a la historia.
El terrorismo poético ya había sido tratado por Alan Moore, en la novela gráfica V de venganza, aquí lo que resulta interesante es el camino que llevó a esta pareja. Ese camino es el que, según yo, conduce al “triunfo”, pues independientemente de que se logre o no el objetivo de hacer estallar una bomba, se hizo un intento desesperado por salvar la vida de la monotonía, que cuando se instala en el depa de una pareja, es como darle asilo a muerte. Cambiar es un triunfo sobre la irrisoria realidad.
Ramona es una chava que hace lo que quiere, rebelde, políticamente participativa: va a la tradicional marcha del “2 de octubre no se olvida”, pero sin rebasar los límites prudentes que le permitan renunciar al confortable reventón, su único conflicto consiste en no poder ver a su hermana, recluida en un hospital psiquiátrico. Es un personaje entrañable.
Ray tiene de entrada la mala pata de ser un personaje muy desagradable: güerito, gordito, clasista a su pesar, con pinta de crudo bukowskisiano; tiene aspiraciones, pero lamentablemente carece de herramientas (es como una amiga decía de una cantante grupera: “Es feminista pero en la lucha social equivocada”). Ray es un personaje más fassbideriano, y por lo mismo, el más digno de un abrazo: no tiene nada de superhéroe. Es un sujeto como cualquiera de nosotros: incluso le gana la peda antes de llegar al mitin del 2 de octubre en el Zócalo. ¿A quien no le ha tocado ver como agoniza el día, a través de la ventana de una cantina, y llegar con flores a una cita que ya fue?
Pero a Ray también le sacudió el alma la idea de ser padre. ¿Qué futuro le espera a su hijo? La realidad no es un buen legado, habría que cambiarla, pero ¿cómo? En su conmovedora iniciativa, Ray elige el camino del terrorismo poético. En mi opinión, dicha elección conduce al triunfo, en su sinónimo actuar.
El lenguaje de los machetes ha ganado premios y menciones en Venecia, Chicago, La Habana, Morelia, Cartagena y la muestra de la UNAM.
*Tomado de la columna de Rafael Tonatiuh En el tono del Tona, del 25 de junio de 2012, en MILENIO




