laentrevista
“Si quiere que un niño trascienda como Albert Einstein, cuénteles cuentos, porque la imaginación es infinita y el conocimiento finito, y para hacer matemáticas se necesita una posibilidad de imaginar enorme”
Formar a los niños en la solidaridad y en el arte, descubrir su potencial y trabajar en la búsqueda de una identidad para su cultura, son algunos de los objetivos que Ignacio Larios, conocido como Nacho Cucaracho, se impuso desde 1994, y que emprende sólo a través del teatro de títeres, porque “son los únicos que pueden hablar con los niños”. Recientemente fue invitado a Subotica, Serbia, para participar en el Encuentro de Expertos de Teatro de Títeres, que organiza el dramaturgo y filólogo polaco Henryk Jurkoswki, en el cual, junto con otros dos titiriteros argentinos, representará a todo el continente americano.
¿Cómo es Nacho Cucaracho?
“De origen mixto. Vengo de una familia conservadora y viví en carne propia la vida de muchos trabajadores que hacían ladrillo de azotea para mi abuela, así que mis sueños de justicia han prevalecido. También soy infantil y pretendo serlo hasta el resto de mi vida, porque los niños no privilegian intereses, te aseguro que si en sus manos hubiera estado la guerra de Irak, nunca hubiera sucedido”.
¿Cuál es su prioridad?
“Que los niños mexicanos descubran su potencial y conozcan su tradición oral, sus raíces indígenas y mestizas, para que tengan una cultura propia, porque aunque nos independizamos políticamente de Europa, culturalmente todavía no, y esto ha generado una no aceptación de lo que somos”.
¿Por qué los niños?
“Porque los adultos ya están formados y como dice el lema, ‘la sociedad que no invierte en sus niños, no tiene derecho al futuro’. Ellos son la esperanza, los que van a cambiar las cosas, por eso se necesita que vuelvan a la fantasía y qué mejor que con el teatro de títeres”.
¿El arte es la mejor vía para llegar a ellos?
“Sí, porque todo arte es comunicación. Uno de los grandes estudiosos dice que el niño necesita del cuento para recomponer una realidad que le es insatisfactoria, y eso pasa, por ejemplo, en Martina y los hombres pájaro, para mí, la mejor puesta en escena actual para niños, porque todas esas obras que hoy venden y masifican, como Caperucita o La Bella y la bestia, son meras coreografías de cuentos”.
¿Sobre esto hablará en Serbia?
“Vamos a hablar sobre los títeres como patrimonio cultural, es decir, de cómo enfrentar la globalidad a través del arte, de cómo hacer más atractivo para los niños un espectáculo de títeres que un Nintendo o un Xbox, porque lo de nosotros logra ser mágico”.
¿Qué le espera a su regreso?
“Continuar el proyecto que trae mi hija de apoyo a las comunidades indígenas, seguiremos insistiendo en la creación de la Dirección de Cultura Infantil para atender al millón y ‘cacho’ de niños del país, y retomaremos esta lucha para dar identidad a la cultura infantil con puros cuentos indígenas. A largo plazo, seguiremos impulsando las compañías de teatro de títeres y visitaremos a la mayor cantidad de niños”.
Para cerrar, ¿alguna anécdota que quiera compartirnos?
“Tengo una obra que se llama Los peces, y después de presentarla en el Cineforo un papá me llevó a su hijo pequeñito y todo sorprendido me preguntó: ‘¿Nacho, cómo metieron el agua?’, pensó que había agua de verdad y sólo era una mano negra con círculos que simulan burbujas [ríe], y dije, ¡funcionó!”.
Sabía qué…
¿El único grupo infantil de teatro de títeres que existe en México es de Jalisco? Se llama Las Mojarritas, otro de los proyectos impulsados por Nacho, y está integrado por niños del poblado de La Mora, en Teuchitlán. En tres ocasiones, este grupo ha tenido la oportunidad de representar a nuestro estado en las muestras nacionales de teatro y “próximamente emprenderá una gira por Zacatecas, Guerrero y probablemente, España”.
Galardones
Entre los que ha recibido Nacho resalta el Premio Gorgorito, que entrega la Unión Internacional de la Marioneta Madrid, en reconocimiento a la trayectoria de titiriteros que han hecho grandes aportaciones a esta disciplina. Pero al tapatío le fue entregado por su trabajo de investigación sobre la búsqueda de identidad para los niños en América Latina, México y Jalisco.




