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OCIO | La guía para vivir la ciudad
Código del impreso: 76123a
Un placer global
A la Carta

¿Buscando bocadillos o una gran cena? Una opción de comida genuina española en la ciudad

TapeoESP
H: L-J, de 13:00 23:00 h. V y S, de 13:00 a 23:30 h. D, de 13:00 a 17:00 h.
Avenida México 3285, colonia Vallarta San Jorge. T/1566-6999 y 1588-5003

Ubicación:
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Un viernes como no queriendo una gran cena, pero buscando algo muy rico, hice parada en el numero 3285 de avenida México, TapeoESP. Una tapa es un bocadillo algo pequeño que en España —y ya de moda en México también—, se come como entrada, o simplemente para no dejar solo a un buen trago de vino... y eso era justo lo que buscaba.

Al entrar se percibe un ambiente formal de mesas con manteles blancos y velas, pero también cuentan con una terraza en el segundo piso menos formal, si se desea un espacio más abierto. Me gustó mucho el gran cuadro que está subiendo las escaleras, de una bailarina de flamenco con el torso desnudo dando la espalda.

Ciertamente tienen una variedad decente de tapas, y además la carta ofrece opciones muy españolas para todos los gustos, desde ensaladas, sopas (entre ellas gazpacho, sólo una o dos opciones al día), paellas, platos fuertes de res y pescado, y una decena de postres. Su carta de vinos tiene en su mayoría vinos españoles, además de algunos mexicanos. La elección era difícil, pero seguimos leales a las tapas. Afortunadamente pudimos desviamos un “poco” para probar otras especialidades muy españolas, gracias a que unos amigos llegaron y nos ayudaron con la difícil de tarea de probar más platillos para conocer; ya saben, los amigos ayudando en los momentos difíciles.

Comenzamos con un plato de montaditos variados, que son rebanadas de pan dorado sobre los que se disponen diversos ingredientes, en este caso nos llevaron de jamón ibérico, de atún sobre huevo cocido con aceite de olivo, de chorizo con un huevo estrellado de codorniz, de sardina guisada en jitomate, queso manchego con serrano, anguila con camarón, y de morcilla. Disfruté cada uno de ellos, percibí que el chef quiso darles un detalle especial a todos, tanto en el sabor como a la vista.  De la lista de tapas también pedimos los buñuelos de bacalao que, aunque el alioli me dejó con ganas de más ajo, estaban muy ricas. La próxima vez probaré los huevos rotos y los chipirones. Para no saltarnos a los clásicos, nuestros amigos pidieron un plato con manchego (que el capitán con orgullo nos dijo que era García Vaquero, de Denominación de Origen), lomo y jamón ibérico, los tres con el sabor de su tierra natal. Este gran comienzo de nuestra noche fue delicioso, saboreamos la calidad de los ingredientes, el regreso a lo genuino, y la música contemporánea española de fondo, como Camarón de la Isla, la Mala Rodríguez, Bebe, Mecano y muchos otros que no reconocimos pero que nos mantuvieron con la oreja parada sin quitar un ojo de la comida.

Después de un reposo, porque esto ya era una buena cantidad de comida, continuamos con el segundo tiempo para probar más del menú: empezamos con el potage de garbanzos que los tenía bien cociditos, además tres croquetitas de bacalao, huevo cocido, espinacas, aceite de olivo y algo muy especial: una hojita de hierbabuena que le dio un toque difícil de identificar, pero que definitivamente le daba carácter al plato. El chef puso un poco de su infancia en este plato o al menos eso sentí (mi mamá suele usar esa hojita de hierbabuena en el arroz blanco) con un sabor genuino, sin pretensiones, un caldito sustancioso. Luego una fabada deliciosa, con su trozo de chorizo, morcilla y panceta. Nuestros amigos pidieron la caldereta de langosta, una combinación de mariscos, empezando con la cola del crustáceo bien lograda, mejillones muy frescos y de buen tamaño, un trozo de pescado blanco y algunos camarones, todo en un caldito rojo con hierbas, de sabor terso, si se puede decir eso.

Al finalizar logramos hacer un espacio para probar dos postres, la leche frita y locuras de chocolate. Fue mi primera vez con una leche frita, el concepto de cuadros de natilla de leche muy firme, capeada con una delgada capa de huevo y frita, sobre una cama de aderezo cítrico me gustó, pero el sabor a huevo de la fritura exterior me impidió disfrutar el resto, no fue mi favorito pero alguien más en la mesa terminó gustosamente con él; parece que la receta estaba apegada a la tradición. Las locuras de chocolate eran pequeños bocadillos de diferentes postres de chocolate: un mousse que fue mi favorito, helado, y tres diferentes pastelillos.

La atención fue muy amable, el capitán Fernando, quien llegó a Guadalajara desde Valencia para trabajar en este lugar hace un mes, les platicará con mucho gusto, sobre los platillos y vinos del lugar, como de su país. El chef Miguel también es de Valencia, y sale a saludar.

Una buena noticia para los que son papás y quieren ir a un lugar especial, a esos en los que comúnmente no tienen área infantil: este comedor sí cuenta con ella. Definitivamente regresaré a probar más tapas y las paellas, que van desde la clásica valenciana hasta la de langosta, porque aprecio lo genuino, lo que no intenta ser, sino que simplemente es. Esperemos que sigan apegados a sus recetas y a la buena calidad de los ingredientes.

PORMENORES

Aceptan tarjetas, valet parking, acceso a silla de ruedas en planta baja, área infantil

Reseña Precios

Fabada Asturiana: $ 135 Potage de garbanzos a la Rioja: $95 Montaditos variados: $140 (seis piezas) Caldereta de Langosta: $190 Paellas: desde $115 Paella valenciana: hasta $195 la de langosta Vinos por copa: de $50 a $70 Leche frita: $65 Locuras de chocolate: $70 Capuchino: $35 Refrescos: $22
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