labutaca
Para ser una cinta de magia, es poco imaginativa, se apoya demasiado en los efectos, y no desarrolla su historia. La nueva de Turteltaub se va directo al cadalso
EL APRENDIZ DE BRUJO The sorcerer’s apprentice.
Dominguera. Director: Jon Turteltaub.
Con Nicolas Cage, Jay Baruchel,
Alfred Molina y Monica Belluci.
Estados Unidos, 2010. Duración: 111 minutos.
http://disney.go.com/disneypictures/sorcerersapprentice/
Como El aprendiz de brujo es una obra de Disney, el productor, Jerry Bruckheimer, no se preocupa de que su director, Jon Turteltaub, sea demandado por “inspirarse” (por no decir hurtar), en el filme animado de esta compañía, Fantasía (1940), en la secuencia en que Mickey Mouse, con magia, pelea contra escobas voladoras, y menos aun cuando la “recreación” de dicha escena es lo único chistoso del insípido nuevo churro de su pupilo.
Tras el fenómeno Harry Potter, ahora el genial Bruckheimer, cuya impresionante filmografía incluye el cine palomero más exitoso de los últimos tres decenios, desde Top Gun (1986) a la saga de Piratas del Caribe y los siete programas televisivos de más rating del pasado decenio, incluyendo la franquicia CSI—, no sorprende que el rey Midas de Hollywood busque un nuevo serial que sustituya a Potter, ahora que se aproxima el final del mago de Hogwarts.
La historia está basada en un poema de Goethe, adaptado al Nueva York contemporáneo, en el que un mago milenario, Balthazar (Cage), enseña a un adolescente (Baruchel) a pelear contra el malvado Horvath (Molina), a quien el aprendiz dejó escapar de un encierro en el que Balthazar lo había mantenido por siglos.
Bruckheimer siempre ha aceptado que su meta es el éxito comercial masivo y reconoce que el sello de sus producciones favorece al espectáculo sobre el contenido, y la verdad es que lo hace bien, su cine es palomero, pero define los términos “película evento”, “churro veraniego” y “placer culposo”, porque generalmente son vacuos, pero cumplen su intención de entretener. Con excepción de “churro veraniego”, El aprendiz… no cumple las expectativas del propio Bruckheimer, eligió como director al más pueril de sus propios aprendices (Michael Bay, de Armageddon, y Gore Verbinski, de Piratas del Caribe, han creado sus propias franquicias, Transformers y Rango, respectivamente), pero Turteltaub hizo de su franquicia más tonta (La leyenda del tesoro perdido) un sorprendente éxito, y confío en él, pero como Horvath a Merlín, le falló.
Nadie espera de Bruckheimer profundidad, su marca es “tonta pero divertida”, pero Turteltaub lo lleva a “tonta pero aburrida”, y para una cinta de magia, es poco imaginativa, se apoya demasiado en los efectos CGI y no desarrolla una historia sino que se queda en la premisa, pero la falta de creatividad y mal montaje desaprovechan el CGI, afectando también el espectáculo, la sorpresa y el suspenso, llevándola directo a los pantanos de lo predecible y la mediocridad.
Otras cintas se han inspirado en el poema de Goethe, pero Turteltaub hurta de ellas y sólo aporta apatía a la suma de todas, y da a su maestro, Bruckheimer, el único término que teme, bomb (fracaso).



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