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La semana pasada participé en el primero de tres módulos para obtener la certificación como sommelier por la Asociación Italiana de Sommeliers, fue grato saber que dentro del intensivo programa de estudio reconocido por la Asociación Mundial, había una clase reservada para la cerveza. Hace tiempo que defiendo que la cerveza debe tener cabida en las mesas de todos los restaurantes y que siempre hay oportunidad para maridar un buen plato con una espumosa copa de cerveza.
Por otro lado, el camino es aún largo, la cerveza apenas significa una parte muy pequeña del programa y la enseñanza ofrecida todavía es muy limitada. La clase dedicada a la cerveza carece de mucho detalle y está plagada de inconsistencias y obviedades, es claro que aún deberá lograr más relevancia. Sin embargo, el instructor italiano señala que incluso en su país natal, donde la cerveza no juega un papel preponderante, el crecimiento en los últimos años ha sido significativo y esta bebida comienza a salir de los pubs para tomar lugar en las trattorias, si bien, está lejos de llegar a los restaurantes renombrados el primer paso está dado.
Otra satisfacción más, ocurrió cuando llegaron los comentarios de profesionales de la gastronomía que no se habían dado la oportunidad de beber cerveza de manera analítica, e incluso la incipiente cata, carente de la técnica y el tiempo necesario causó buena impresión en algunos paladares bien entrenados.
Esperemos que los profetas de otras tierras logren acrecentar el interés y nuestra amada bebida lupulada pueda llegar a más y mejores mesas.





