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Comida, mucha comida, para inspirar al más desangelado, desde los clásicos chilaquiles, a los mejillones y el pato, aunque nos deben el vino espumoso a solas
Todo buen glotón agradece un buffet, pero mucho más si es de buena calidad y variado. Como nosotros somos de ese equipo, nos decidimos a probar el brunch dominical del nuevo hotel Riu.
Llegamos en coche y lo dejamos en el valet parking, en la puerta del sitio; estaban un poco atolondrados y con mucha chamba ya que se tardaron en atendernos, incluso tuvimos que pedir nos recogieran el auto. Luego subimos al tercer piso, al restaurante Decápolis, donde una amable hostess nos tomó nuestro nombre y nos invitó a que pagáramos antes de entrar, en la caja que está ahí, en la puerta del comedor. 239 pesos por persona, y la cajera nos sugirió que pagáramos de una vez la propina de 13 por ciento. Una vez dentro un saxofonista se pasea por los pasillos y entre las mesas, mientras interpreta temas clásicos. Nos asignaron mesa en la terraza con vista a “La estampida”, sobre Niños Héroes, y nos presentaron a nuestro mesero que levantó el plato cada que lo dejamos vacío.
El buffet incluye una mimosa de cortesía (vino espumoso blanco con jugo de naranja natural, con una cereza al fondo), todo el café, leche, jugos y licuados que solicite, nada más; si usted pide una Coca-Cola, o una cerveza o cualquier otra bebida, se cobrará aparte.
El recorrido es largo, desde la isla de cereales, leche, yogur, fruta fresca, semillas; al quiosco de platillos mexicanos (chilaquiles, pozole, menudo, birria, carne con chile, cochinita pibil), donde están los chefs instalados para preparar su huevo al gusto, o su pasta; ahí mismo disponen de camarones sofritos con un poco de ajo y hierbas, mejillones en salsa de tomate, magret de pato con su gravy de fondo oscuro,
arrachera, costillas, y enseguida los hot cakes, waffles, crepas, con miel, cajeta a su disposición. Al fondo los petit fours (pastelillos, postrecitos); donde encontrará jericalla, flan, churros azucarados, mousse de frutos rojos, tarta de fruta, pay de queso, crepas pequeñas con nueces y cajeta, entre otros. A su lado el pan: desde baguette, de caja (con la tostadora a su servicio), chapatas minis, incluida de centeno y avena. Más allá, el pan dulce, el pan danés, los embutidos y quesos variados. Frente al pato encontrará ensaladas, cocteles minis de mariscos, salpicón de pulpo y camarón. Su servidora optó por los quesos: de cabra, roquefort, brie, manchego, provoleta y camembert, un par de salchichas pequeñas artesanales, salmón ahumado, una ensalada de ejotes con col morada y elotes, un poco de queso cottage, fresas, nueces, chorizo estilo Pamplona, salami. Extrañé que me sirvieran el vino espumoso solo, sin el jugo, pero el mesero me dijo que no lo autorizan en el buffet, a menos que lo pague aparte, y es que un buen brunch siempre lo incluye, aunque en nuestra ciudad aún no sea un hábito, en los brunchs del DF está incluido en el precio general, al menos una copa.
Un festín, fresco y tentador. Es posible que omita algo, pero hasta ahí alcanzaron mis ojos; en general lo disfrutamos, lo que probamos estaba sabroso y fresco, de buena calidad. Si me pregunta si volveríamos, le respondería que sí.
Brújula
Restaurante Decápolis hotel Riu. Domingos, de 11:00 am a 15:00 h. López Mateos 830, esquina Niños Héroes. T/3880-7500. $239 buffet brunch dominical.
Lo visitamos tres personas ($717), más la propina sugerida ($92), más $68 pesos de una cerveza y una agua mineral, más $28 pesos de valet parking (además, cobran el tiempo que su auto permanezca en el estacionamiento). El servicio es amable y atento. Las instalaciones impecables. Lleve hambre, presupuesto, ganas de probar de todo, y sobre todo, disfrute.
El concepto del brunch es de origen estadounidense (finales del siglo XIX), y consiste en un tentempié entre el desayuno y la comida. La palabra es una mezcla de breakfast y lunch. Esta costumbre se ha extendido y la ofrecen sobre todo en los hoteles, se considera una opción para recobrar la energía perdida durante el fin de semana.
El clásico brunch neoyorquino incluye huevos benedictinos (www.ocioenlinea.com/node/15189) y el coctel bloody Mary.
Los más elegantes incluyen caviar, ostras y champaña.









