columnas
Dentro del universo de consumidores, podemos señalar como de especial cuidado a quienes prefieren la cerveza de barril. Desde siempre se ha considerado que es más fresca y ofrece mejores sensaciones al paladar y al olfato, esto siempre y cuando la bebida no haya sido pasteurizada, pues en este caso se reduce un tanto para homologarse a la presentación en botella. En demérito del barril, podemos mencionar que es menos longevo y si no tiene la rotación y el cuidado adecuados, termina siendo peor, pues la cerveza se daña con cierta facilidad, además de las complicaciones que representa enfriar el barril y controlar el adecuado balance de presiones, para que al momento de servir, recibamos cerveza y no una malteada espumosa o un lastimero goteo senescente.
The Tap Room (López Cotilla 1533), quiere convertirse en una de las ofertas mejores en cuanto a cerveza de barril se refiere. Dentro de su oferta encontramos la tradicional Chope de Grupo Modelo, que se constituye como la mejor en cuanto al sistema de control de barril, dando la garantía de que lo que se ofrece es lo que se bebe. Por el lado de la cerveza de especialidad y artesanal, encontramos una nutrida oferta, lo que coloca a The Tap Room como uno de los primeros escaparates para los noveles en la elaboración de cerveza.
Fluyendo de las válvulas en la barra, encontraremos ejemplares de cervecería 7 Mares, que nos presenta una pale ale y una pumpkin ale, también podemos saborear, por parte de los hermanos Reyna, su premiada Reyna Negra. Cervecería Guadalajara ofrece una versión de trigo que resulta fresca e interesante, además tenemos a la bien cuidada Ánima de Sayula, con la que Roberto Rodríguez, maestro cervecero de Minerva, perfuma la copa con matices ingleses y de cacao maya. Elba Copado presenta una magna de cereza. La oferta de los barriles no termina ahí, pues también se pueden beber los estilos de cervecería Minerva y las Belgas de BJJ. Como promesas futuras para la barra de válvulas, tenemos a Cucapá, Calavera, Cervecería Sileno, del buen Toño Valdivia, y Cervecería La Chingonería, con “hazme la rusa” que es como ellos interpretan el estilo russian stout.
Carlos y Gerardo Padilla, propietarios del bar, tienen clara la visión de convertirse en la mejor opción para los bebedores de cerveza de barril, que en adición a la buena selección de cerveza embotellada y un menú variado, pero sin complicaciones, sea uno de los favoritos de los beer lovers de la ciudad.
Hay un reto importante para los cerveceros, pues el abasto sigue siendo su talón de Aquiles, así como la constancia para ofrecer los estilos con los que han acostumbrado a la gente a beber. Lamentablemente, aún es común que la cerveza que se desea esté agotada, o bien fue un lote único, por lo que sólo queda saborearse el recuerdo. Esperemos que esto se corrija y la cerveza artesanal deje de ser de “¡ahora me ves… ahora no me ves!”.





