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Trancazos que entretienen
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Para el cineasta Steven Soderbergh seguir las fórmulas no es una opción, y con Agentes secretos demuestra que una singular visión es capaz de divertir

AGENTES SECRETOS Haywire.
Recomendable. Director: Steven Soderbergh.
Con Gina Carano, Antonio Banderas, Ewan McGregor y Channing Tatum.
Estados Unidos/Irlanda, 2011. Duración: 93 minutos.
www.haywiremovie.com/

 

Esta cinta de Sodebergh exhibe una asombrosa economía de tiempo en pantalla, algo inusual en una era de atiborrados filmes de acción en donde hasta las desechables llegan a las dos horas. De hecho, podría decirse que Agentes secretos es muy corta. Es lo suficientemente disfrutable, de una manera ligera, que quizá hasta diez o quince minutos extra serían bien recibidos, aunque probablemente habría menguado su veloz ritmo, que hace pausa sólo lo necesario para proveer un poco de información o preparar la siguiente escena. Es otro filme mainstream del director y aunque su gusto por lo extraño y lo declaradamente artístico no quedó completamente fuera, su brutal violencia elimina la idea de que está haciendo cine de arte disfrazado.

El creador es reconocido por ser inventivo en sus elencos. Aunque no evita usar grandes nombres, como Julia Roberts o George Clooney, para agregar un poco de Hollywood, también se le conoce por tomar caminos  no muy convencionales. Para The girlfriend experience fue a la industria para adultos por Sasha Grey, y para esta película volteó al mundo de las artes marciales mixtas y reclutó a Gina Carano, quien tiene experiencia interpretándose ella misma, pero no a un personaje. En una movida que pudo ser desastrosa al mostrar su ineptitud en el nuevo terreno, Soderbergh la rodea de nombres reconocidos (McGregor, Michael Fassbender, Antonio Banderas, Michael Douglas y Bill Paxton), y aunque no ganará un Óscar, lo hace bien.

Agentes secretos es una especie de Identidad desconocida, pero reducida a lo básico. La trama es pura acción de espías, una traicionada por sus superiores y puesta en la mira, pero que les vira la tortilla y los persigue para demostrar su inocencia y buscar venganza. En este caso, Mallory Kane (Carano) no trabaja directamente para la CIA ni la MI6, sino que es parte de subcontratados para trabajos en donde agentes gubernamentales como Coblenz (Douglas) no deben ser ligados. Tras una misión en Barcelona, Mallory es enviada a Dublín, donde debe continuar sus labores, pero es una trampa y esto detona la acción.

Soderbergh elige que dos terceras partes sean narradas en flashback, con los 30 minutos finales en “tiempo real”. La característica que define es su estética, pues no se filmó como un típico thriller de acción, y el crédito (o la culpa, según la perspectiva personal), recae completa en el director, pues es también el fotógrafo de sus cintas, y la variedad de tomas son como lo que se encontraría en el bufet de alguien con mucha hambre: blanco y negro, con filtros que quitan color, desde arriba, por encima del hombro, cámara en mano, y aunque algunas decisiones parezcan a capricho del cineasta, otra cumplen un objetivo.

Las escenas de peleas son largas y brutales. Como sucede con todos los thrillers de acción, los personajes soportan palizas que solamente superhombres sobrevivirían, y tiene su cuota de hoyos en la trama, pero el guión de Lem Dobbs cumple con entretener en el momento. No es el “mejor” Soderbergh, como autor o entretenedor de masas, pero es un “buen” Soderbergh y eso es más que suficiente. Agentes secretos es divertida y no me molestaría ver el siguiente capítulo en las aventuras de Mallory. Ya era tiempo de tener una heroína de acción que rivalice con Ellen Ripley.

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