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Le invitamos a conocer el esfuerzo de una editorial tapatía, para que la bonita costumbre de leer no muera
El 15 de marzo pasado, Ediciones Arlequín cumplió la mayoría de edad. En lugar de celebrar con su primera borrachera legal, comienza la transición al libro electrónico y se despide de la dependencia a las grandes librerías. Entrevistamos a Felipe Ponce, director y fundador de Arlequín para que nos explique cómo ha cambiado todo en 18 años.
¿Por qué nació Arlequín?
“Comenzó como una editorial de poesía, junto con compañeros de la universidad y conocidos de talleres literarios, sobre todo el de Raúl Bañuelos. Ya teníamos, por así decir, nuestras libretas llenas, así que queríamos publicar por nuestra cuenta. No queríamos pedir permiso ni someternos a un dictamen, porque además de flojera, sabíamos que las puertas estaban cerradas”.
¿Cómo se mantuvieron entonces?
“Hacíamos una ‘coperacha’ entre los siete integrantes y los tres convocados. Cada quien aportaba 150 pesos cada mes, y con eso se hacía un libro. La idea era editar los diez en igual número de meses, pero llegó el error de diciembre [1994] y nos dimos cuenta de que no era tan sencillo hacerlo como lo planeamos. Lo importante es que al cabo de tres años esos libros salieron. Luego, a finales de los noventa nos dieron dos apoyos del Fonca, dinero con el que nos impulsamos. Nos hizo sentir orgullosos porque, además, fuimos los pocos proyectos editoriales constantes”.
¿Cuándo incluyeron otros géneros literarios a Arlequín?
“Alrededor del 2000 incluimos teatro, ensayo, aforismos. En 2005 dimos el paso con los libros de texto, que fue de manera natural. Sin creer que la literatura tiene una función didáctica, sí puede enseñar muchas cosas. Sobre todo cuando Elizabeth Alvarado se nos unió, con función de docente, se desarrolló el proyecto. Y no sabíamos cómo incursionar, hasta que un autor nos propuso un libro de historia. Tenemos textos sobre legalidad, formación cívica, filosofía, lectura analítica y para desarrollar las habilidades del estudio”.
¿Es el libro de texto prioridad para la editorial?
“Ha sido el músculo de la editorial por un tiempo. Pero como su venta y lanzamiento es cíclico, no es lo único. Actualmente, la literatura también ha tomado fuerza, así que casi están a la par”.
¿Ha sido difícil colocarse en las grandes librerías como editorial independiente?
“Sí, porque hay factores que no favorecen a todos los involucrados. Ya no buscamos estar en sus estantes, vemos las cosas distintas. Por ejemplo, todavía estamos en Gandhi, pero ya no queremos. Nos dimos cuenta de que estábamos en su catálogo en línea, aunque no tenían ejemplares en existencia; no respetan la ley del libro vigente, en la que se estipula que un libro cuesta igual en todos lados, hacen sus descuentos sin consultar y eso quema a la editorial. Así que comenzamos a quejarnos por Facebook y no les gustó, no lo manejaron de manera profesional y terminó como en pelea. Tienen ideas muy rancias sobre las editoriales independientes todavía. Al contrario de El Sótano, ahí sí tenemos presencia y respetan nuestros precios”.
¿Cuál es la nueva apuesta?
“La tecnología nos permite dejar la dependencia de tiendas como Gandhi. Queremos ser como una tienda de productos orgánicos, que para vender debe proveerse con productos que consigue en un radio de cien kilómetros. Así, nuestros autores están en un radio similar y queremos distribuirlos ahí mismo. Parece increíble, patético, que no podamos vender mil ejemplares en una ciudad de cinco millones de habitantes. No queremos cerrarnos a opciones de distribución, pero sí queremos incentivar lo que se hace aquí. Siempre nos hemos sentido al margen de los reflectores culturales, por eso publicamos a los eslovenos, catalanes, coreanos, que no son tan llamativos como otros autores, pero que tienen calidad”.
Una prueba del libro electrónico
Harán equipo con el portal Todo Ebook. Poco a poco convertirán sus libros a este soporte, para que tanto el lector como los libreros adquieran ejemplares de Arlequín a través de su página. Para comenzar, lanzarán una reedición gratuita de Estela contra el olvido: 22 de abril, literatura, realizado hace diez años en conmemoración de las explosiones. Guadalupe Morfín, Silvia Eugenia Castillero, Vicente de Aguinaga y Arturo Suárez, entre otros, son los autores.
En la FIL: desde 2004 tienen estand propio en la feria
Libro emblemático: Macho profundo, de López Cuadras, prohibido en 2002 en librerías Gonvill
Página: www.edicionesarlequin.com.mx




