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OCIO | La guía para vivir la ciudad
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RIP Levon Helm
 

La vida de una banda de rock, ese remolino de relaciones humanas girando alrededor de la música y sus misterios, ha sido cada vez con mayor constancia pretexto de inspiración lo mismo para narradores que para cineastas. Ahí están, entre otras obras destacadas en tal ámbito, la cinta Casi famosos, del otrora periodista musical Cameron Crowe, o You don’t love me yet, la novela del estadounidense Jonathan Lethem, publicada originalmente en 2007, por sólo mencionar algunos ejemplos. Pensando en ello, es que evocaba el gran material que la azarosa y alambicada vida de The Band podría dar para ser recontado a través del cine o la literatura, esto a propósito de la reciente noticia de la muerte de Levon Helm, uno de los cinco personajazos que dieron vida a la que es, sin duda, una de las grandes asociaciones de la historia del rock y a la que, me parece, no se le ha dado el reconocimiento que merece, con todo y que su culto es imbatible.

En ello debió pensar también el cineasta Martin Scorsese cuando, comenzando una carrera como documentalista que a la postre ha dado otras dos cintas, No direction home, sobre Bob Dylan, y Living in the material world, sobre George Harrison, se decidiese a capturar la que fue la última actuación del grupo —con sus cinco instrumentistas originales—, su despedida simbólica, en la reveladora cinta The last waltz.

No sólo las muchas anécdotas del grupo que surgen de haber sido la banda de apoyo del legendario Ronnie Hawkins, razón que explica porqué antes de ser The Band fueron The Hawks, a convertirse en el grupo de apoyo favorito de Dylan, con quien grabaron ese fabuloso álbum doble The basement tapes. Asimismo, la capacidad creativa de un grupo que si bien tenía en el guitarrista y cantante Robbie Robertson a su gran talento compositivo, este rol también se repartía ocasionalmente al resto del grupo. Pero sobre todo, de The Band lo que más atrae son las peculiares personalidades de sus integrantes y la manera en que la vida y el azar los fue llevando a través de distintos destinos, en los que la fortuna y la tragedia, como sucede en la vida de casi todos nosotros, se miraron a los ojos en más de una ocasión.

Levon Helm falleció el pasado jueves 19 de abril, víctima del cáncer de garganta que le diagnosticaron años atrás, consecuencia de su intenso tabaquismo. Un año antes, todavía tuvo la fuerza suficiente para legarnos el que quedará como su último trabajo de estudio, un disco en vivo grabado a manera de despedida en el que repasa algunos de los clásicos a los que él dio la primera voz en The Band, como “The Weight”, “The shape I’m in” y “Ophelia”. Dos años antes, en 2009, lanzó al mercado su álbum de estudio Electric dirt, con un genuino sonido del rock del Sur de Estados Unidos, canciones de Randy Newman, Jerry García, Muddy Waters y una suya, “Growin’ trade”. En los mejores años de The Band, Helm acostumbraba llevar una barba rasa y verse sobre el instrumento que lo apasionó, la batería, desde la que también cantaba, cosa poco común en la música contemporánea. Siempre fue delgado y su capacidad histriónica, aprendida sobre el escenario, lo llevó también al cine. Quizá su papel más memorable es el de aquel anciano arrumbado en un paraje desolador, en Los tres entierros de Melquiades Estrada, la cinta del mexicano Guillermo Arriaga, que le suplica al protagonista, Tommy Lee Jones, que lo mate porque sabe que su hijo, su única conexión con el mundo, ha muerto y ya nadie se ocupará de él. Era ya un Levon Helm senil que apenas evocaba la intensidad de otros días. No obstante, cuando este sexagenario volvía a la música, una chispa de electricidad parecía reencenderlo y dotarlo de aquel carisma y la vitalidad que le caracterizaron a lo largo de su vida.

Como Helm, ahí estaba Rick Danko, el bajista y cantante de baja estatura y aguda mirada, que se ve en la primera secuencia de The last waltz jugando billar como cualquier otro duro contrincante de Fast Eddie Felson, el personaje que encarnó Paul Newman en The hustler, y posteriormente en The color of money, también cinta de Scorsese. Danko bien pudo haber encarnado aquel Charlie que estelarizó Harvey Keitel en la salvaje Mean streets, esa cinta de forajidos urbanos que diera comienzo a la temible mancuerna cinematográfica que en los setenta formaron De Niro y el propio Scorsese. Danko falleció de un paro cardiaco relacionado con el consumo de estupefacientes mientras dormía, la noche del 10 de diciembre de 1999.

Con la muerte de Helm la balanza se inclina: sólo dos integrantes de The Band siguen en el camino, ambos activos. Robbie Robertson, quien hace meses entregó su quinto disco como solista, y el multiinstrumentalista Garth Hudson, quien a menudo se ve por ahí en los créditos de algún disco. El otro es el taciturno Richard Manuel quien, durante una de las giras de reunión del grupo —a las que nunca se sumó Robertson—, protagonizó uno de sus momentos más impactantes, luego de colgarse en el baño del hotel donde se hospedaba, no sin antes haber agradecido verbalmente a Hudson por “25 años de música increíble”.

Muchos homenajes se han hecho en nombre de Danko y Manuel, canciones como la de Drive-By Truckers o la de Counting Crows, están ahí para dar cuenta del tamaño de su leyenda. Ahora, será el legado de Helm el que seguirá inspirando a nuevas generaciones. Al momento de su muerte, sus amigos más cercanos lo recordaron con cariño. Entre otros, Scorsese dijo: “Levon fue un caballero y un artista consumado. Y amó la música con tanta profundidad y verdad como nadie que haya conocido. Me considero afortunado de haber trabajado con Levon y estoy entre las muchas, muchas personas que van a extrañarle”.

Rest in peace, Levon Helm.

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