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Las risas de Polanski
Estrenos

El director regresa a las salas con una comedia ligera, un tanto menor comparada con su lustrosa filmografía, pero igualmente disfrutable

¿ADIVINA QUIÉN VIENE? Carnage.
Recomendable. Director: Roman Polanski.
Con Jodie Foster, Kate Winslet, Christoph Waltz y John C. Reilly.
Francia/Alemania/Polonia/España, 2011. Duración: 80 minutos.
www.sonyclassics.com/carnage/

 

 

Matt Dillon es uno de los actores más talentosos e inteligentes de su generación, pero ha perdido papeles en algunos de los filmes más iconoclastas de los últimos tres decenios. A los catorce años rechazó ser pareja de Brooke Shields en La laguna azul (1980), por considerar el guión frívolo y estúpido. Spike Lee, Francis Ford Coppola y Martin Scorsese, lo querían para protagonizar Haz lo correcto (1989), El padrino III y Buenos muchachos (1990), respectivamente, pero retrataba muy joven y los papeles fueron para John Turturro, Andy García y Ray Liotta. Gus Van Sant, Quentin Tarantino y Roland Emmerich, escribieron exclusivamente para él papeles que hicieron finalmente Keanu Reeves (My own private Idaho, 1991), Bruce Willis (Pulp fiction, 1994) y Will Smith (Día de la Independencia, 1996), porque a Dillon no le gustaron las historias. Ahora tenía en sus manos la oportunidad soñada de trabajar con Roman Polanski en ¿Sabes quién viene?, pero estando en París para filmar se peleó con el director y regresó a Nueva York. John C. Reilly lo sustituyó. ¡Auch!

Pero esto no se trata de Dillon sino de Polanski, y aunque no es una gran película, menos aún en los altísimos estándares de la carrera del genial director, es un filme delicioso, inteligente, relajado y ameno, que atrapa simplemente por su espectacular reparto que, sí, con Dillon habría sido perfecto, aunque la verdad el papel le va mejor a Reilly.

La historia está basada en la obra teatral ganadora del Tony Le Dieu du carnage, de Yasmina Reza, y ella, junto con Polanski, hicieron la adaptación del guión cinematográfico, que es en verdad muy bueno, y que trata de dos matrimonios que se reúnen en el departamento de uno de ellos para tratar de arreglar, civilizadamente, un pleito entre sus hijos de once años.

La maestría de Polanski queda demostrada desde la primera escena, un grupo de niños en un parque son vistos desde una toma abierta mientras corren los créditos, al final de los cuales uno le pega a otro con un palo. De ese modo sutil y rápido, el director explica el conflicto que detonará la historia, la claridad narrativa y belleza del plano son el preámbulo de un filme que juega inteligentemente con el espacio, el tiempo y la estructura narrativa.

Toda la película transcurre dentro de un departamento, y el reto era no hacer teatro filmado, pero Polanski aprovecha la oportunidad para explotar lúdicamente cada rincón, y el talento de sus brillantes actores hace el resto para crear un filme restringido pero no claustrofóbico, crítico pero no moralino, y muy cinematográfico.

Polanski no inventa el agua tibia, este tipo de ejercicios se ha realizado antes, pero en sus manos es un elegante experimento de dirección, puesta en cámara y actuación. Es una película menor, una comedia ligera, pero encantadora.

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