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En caída libre
Estrenos

SIN SALIDA Trespass.
Evítela. Director: Joel Schumacher.
Con Nicolas Cage, Nicole Kidman, Cam Gigandet y Liana Liberato.
Estados Unidos, 2011. Duración: 91 minutos.
www.trespass-the-movie.com/

 

Para nadie es noticia que, desde hace tiempo, la carrera de Joel Schumacher viene cayendo en picada libre, con un bodrio cada vez peor e inverosímil que el anterior. Tampoco es novedad que, desde hace buen rato, Nicolas Cage desarrolló un enfermizo gusto por filmar repelentes churros de vomitivo gusto estético y desquiciantes historias. Lo que asusta, es que Nicole Kidman comience a colaborar con este tipo de “artistas”, porque el muy bien ganado prestigio que tiene su nombre lo ha logrado siendo cuidadosa al seleccionar sus proyectos, y puede perderlo rápidamente haciendo cintas como Sin salida, a la cual el calificativo de churro o bodrio le queda grande.

Se trata de otro thriller ubicado en una moderna casa de grandes ventanales en medio del bosque, donde una familia (Cage, Kidman y Liberato), es secuestrada por una banda de maleantes que comienzan pidiendo cien mil dólares, y terminan pidiendo hasta un riñón. Sólo una pista para que se den una idea del sinsentido de la trama.

Schumacher pretende lograr con el guión de Karl Gajdusek un filme profundo y maduro sobre el matrimonio y la familia vía un ejercicio de actuación de método, porque siendo la casa casi la única locación, debe rellenar con diálogos los 90 minutos, y la verdad si esa fue la idea original de Gajdusek y Schumacher estaba muy bien, intentar hacer algo parecido a lo que Polanski hizo en La muerte y la doncella (1994), o más recientemente en ¿Sabes quién viene? (2011).

Pero ni en sus mejores tiempos Schumacher fue profundo, así que lo que logra en Sin salida es un ejercicio de sobreactuación con algunos de los diálogos más absurdos jamás escritos. Tan malo es, que el generalmente sobreactuado Cage es “aprovechado” por el “brillante talento” del director al sobreexplotar una de sus cualidades más irritantes, sus tics y manierismos al hablar rápidamente. Su personaje es un vendedor de diamantes y utiliza incesantemente su verborrea para negociar con los secuestradores, y el director acentúa tanto esto, que pareciera que el guión fue escrito especialmente para él por esta enervante cualidad. ¿Quién iba a imaginar que Cage tuviera fans por ello?

El ejercicio de actuación se le sale de control al director por su carencia de oficio, no sabe cómo montar una puesta de escena en un sitio cerrado, así que abusa de las pistolas apuntando a las cabezas de los personajes y termina por meter otros elementos narrativos fáciles, como el flashback y el torso desnudo de Cam Gigandet. El final es un caos, todos gritándose sin razón, una cámara igualmente nerviosa, y hay lugar hasta para un “homenaje” a Rashomon (Akira Kurosawa, 1950).

A favor de Schumacher se puede decir que sabe “vestir” sus cintas, así que es visualmente atractiva, pero si eso lo salvó en los ochenta, ahora ya no es suficiente.

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