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OCIO | La guía para vivir la ciudad
Código del impreso: 76804a
Huaraches, artesanías para valorarse

Dicen que hablar de esta prenda “es volver al gusto por lo nuestro”, recordar nuestras raíces y revalorar una tradición tan añeja como los cerros. Nomás eche un vistazo a este catálogo para que lo compruebe

 

Si pudiéramos regresar el tiempo para conocer la historia de los huaraches tendríamos que ubicarnos en la época prehispánica, cuando a esta pieza le llamaban cactle o cactlí, y lo primero que llamaría la atención es que, “en aquellos entonces”, ni vacas, ni cerdos eran sacrificados para su manufactura, debido a que se confeccionaban en ixtle (fibra de maguey) o henequén, cuero de jaguar o venado, así como en piel de zorra (denominados potzolcactli), y los adornos se hacían con pintura, plumas de aves y hasta láminas de oro (México en el Tiempo, 1997).

Pero el tiempo y la modernidad trajeron una serie de cambios, tantos que ahora encuentra huaraches hasta de piel de tiburón. Lo cierto es que este peculiar calzado, emblema durante varios siglos de la condición social, es uno de los objetos que más nos identifica como mexicanos, y si de ingenio talabartero se trata, basta con ver los más de 20 modelos que descubrimos sólo en el centro de la ciudad, aunque conocedores del tema aseguran que si busca huaraches en los demás municipios del estado, seguramente se va a enamorar.

Pachuco

Es elaborado mayormente en Sahuayo, Michoacán, y se distingue por el color natural del cuero de res.

Sangre de mi Sangre


Guíese por el color. Estas creaciones de don Máximo Pelayo son de las más cómodas “porque pisa usted en la mera planta”.

Playero tres correas


Por su estructura (sólo tres correas), son aptos para la playa y los encuentra en color natural, café o negro, puesto que los pintan con anilina.

Tamazula


El nombre es por Denominación de Origen, la diferencia está en que este par se adorna con remaches y ojillos.

Zapatilla


Uno de los más tradicionales. Su característica principal es que se teje de manera más “tupida” y se recomienda para pies delicados.

Petatillo


Los más tapatíos. Se denominan así por su similitud con el tejido de un petate de palma y son pesados porque la suela está hecha de hule.

De argolla o hippies 


Estos llegaron con el auge del movimiento contracultural de los años sesenta y su distintivo principal son las argollas.

Dos tiras


Uno de los modelos más económicos y se cree, viene de Michoacán. También se elabora con piel sólo que sus tiras están cubiertas de charol.

Tepatitlán


Aunque también lo encuentra en Arandas. Está hecho de cuero con ojillos al frente y sus colores pueden variar entre rojo, negro o verde.

Tarahumara o tres piquetes


Efectivamente, el crédito es para los rarámuri o tarahumaras (Chihuahua) y lo de “tres piquetes” viene del número de correas.

Romano


Don Máximo Pelayo diseñó este modelo con la intención de cubrir una necesidad en el teatro.

Martha y Caracol


Ambos son para dama y los encuentra en ocho colores diferentes, la única diferencia es el tipo de tejido y la ventilación que tienen.

Jersey

A simple vista, no lo parece, pero estos huaraches están tejidos con tela jersey y pueden fabricárselos estilo petatillo, zapatilla o cruzado.

Zapato

Por su estructura similar a la de un zapato común, es que se conoce este modelo y se comercializa en otros cuatro colores.

Teocuitatlán de Corona


Dicen que “este huarache es pura artesanía” porque lo complicado es que lleva “muchos piquetitos” intercalados.

De vestir


El diseño se atribuye a Michoacán. Se hacen de igual manera con piel, pero la suela es una plataforma prefabricada y sin hule.

Franciscano


Le parecen conocidos porque es el estilo tradicional de los frailes franciscanos, “su color y textura se logran desde la tenería”.

Recargado

Los primos del huarache zapatilla, sólo que llevan mayor número de correas, ahí que su precio sea más elevado.

Teuas o burras


Destacan porque son bastante duraderos. Estos se fabrican con un tipo de piel llamado carnaza y se usan comúnmente para danzar.  

Mocasín o Vallarta

Se dice que este modelo se hizo famoso en 1968 cuando fueron las Olimpiadas. También se hacen con piel y la tapa es de hule. Según nos explicó Nacho Cadena, hay una variante que se fabrica con piel de tiburón.

 

Huaracheros de corazón

Máximo Pelayo Pelayo

Locales 510 y 512. T/3618-9562

“Soy de Santa Rosalía, Jalisco, pero vine a la ciudad en 1940 y empecé en San Juan de Dios desde 1955. Ahí me enseñé a hacer huaraches por necesidad cuando tenía 18 años [ya estaba casado], sólo con ver, y ahora ya hasta hago estilos propios, pero de esto he mantenido a mis nueve hijos y les he dado estudio. Mis modelos les han gustado a muchos artistas, La India María por ejemplo, me compró un par estilo Tepatitlán y se los hice a la medida, pero también les surto a comerciantes de todo México y hasta Estados Unidos”.

 

José Plascencia MoraEl Cebollo

Locales 508 y 509. T/3617-8402

“Empecé con esto de los huaraches desde los doce años, cuando comenzó el mercado de San Juan de Dios, aprendí de mi cuñado Alberto Ruiz Quirarte y de aquí he salido adelante junto con mi esposa y mis siete hijos; algunos de ellos me ayudan todavía, aunque ya casi no fabricamos, preferimos traerlos de otros pueblos, como Ciudad Guzmán, Tamazula, Teocuitatlán, Tepa, Arandas, y de Sahuayo, Michoacán. Antes nos compraban muchos extranjeros de Estados Unidos, Canadá, Japón y China, pero ahora ya lo hacen ellos”.

 

Los huaraches más famosos de Jalisco

 

Cornelio García

Conductor de radio y televisión, promotor cultural, artista plástico y músico de mariachi

“Uso huaraches desde niño porque toda mi familia los usaba, excepto mi mamá, una mujer culterana que nomás quería puro zapato de charol; pero mi padre hasta nos enseñó a hacer huaraches de ‘orca pollo’, de ésos que llevan agujeros por los lados, y me gustan tanto que hasta he ido a Sahuayo a comprarlos, es más, ni cuando me fui a Estados Unidos los dejé. Creo que he tenido, mínimo, unos 50 pares, varía porque algunos eran muy corrientes, éstos que traigo puestos por ejemplo, tienen ya doce años y los pinté para que no se les vieran las heridas, pero ningunos son tan bonitos como los que hacen en Concepción de Buenos Aires”.

 

Nacho Cadena

Hotelero, restaurantero y chef por vocación

“Utilizo huaraches, estilo mocasín de Puerto Vallarta, desde que me mudé en 1976 de Hermosillo, Sonora, a la costa jalisciense, porque me di cuenta que Vallarta tenía una industria talabartera muy fina y bien hecha, y que los calcetines no servían para nada. Descubrí este estilo no sólo en los locales sino con los artistas que fueron al puerto para filmar La noche de la iguana (de John Huston, 1964), los traía Richard Burton, John Huston y todo el staff. Me gustaron porque son extremadamente cómodos y se sorprenderían si vieran el fondo de mi clóset, está lleno de estos huaraches, más o menos unos 22 pares, hechos por José de Jesús Hernández Navarro (Huarachería Marina. T/(322)156-9351)”.

 

Paco Padilla

“Desde 1967, cuando estaba en la preparatoria, he usado muchísimos huaraches y de todo tipo, creo que alrededor de 100 pares. Mi gusto vino cuando conocí el trabajo de Nicolás Lizares, un huarachero de Tapalpa, de los mejores a nivel nacional y de ahí me surtí en San Juan de Dios, Concepción de Buenos Aires, Tepatitlán y Jalostotitlán, donde compré unos blanco con verde, de esos que usan los huicholes. Lo cierto es que me acostumbré a ellos y ya no los pude dejar, aunque tuve problemas con los talones, pero mandé a hacer muchos con tacón. Ahorita calzo mayormente Birkenstock, que hacen en Alemania, por mayor comodidad, aunque no he dejado de comprar los otros, sigo fiel”.

Recomendaciones para cuidar sus huaraches:

*Bolearlos (color mate), para que el agua se les resbale en tiempo de lluvias y no se resequen.

*Si están muy apretados, no empaparlos con alcohol, mejor utilizar aceite de linaza. 

*Colocarles un tacón para evitar problemas en la columna, ya que son muy planos.


Para elegir los mejores observe a detalle:

*Que estén totalmente parejos

*Entre más correas tengan, durarán más

*Evite los que tengan “ojos”, como en la madera

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