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Cuando se vive lejos de la tierra que nos vio nacer, siempre es grato refrescar el recuerdo con escenas pasadas, y revivir esos momentos placenteros. Esto fue lo que reflexioné cuando caminando por la calle de Morelos, casi en su desembocadura con Unión, llegué a la discreta Fonda Portuguesa. Ahí me recibió el buen Antonio Carvalho, europeo que hace algunos años llegó a nuestro país para comenzar un nuevo capítulo en su vida. Claramente Antonio ha sido impreso por la mexicanidad, pero el acento en su voz sigue delatando su origen lusitano.
Al entrar al pequeño establecimiento saltan a la vista los múltiples gallos que decoran el local, de esos que tienen su origen en Barcelos y de quienes se dice ayudan a conseguir marido a las damas que así lo desean; una versión pagana de nuestro socorrido San Antonio, pero que no tiene la necesidad de ser puesto de cabeza para acceder a las peticiones románticas de las cortesanas deseosas de pareja.
Y como a donde fueres, haz lo que vieres, beber cerveza portuguesa es imperante en esta fonda. Sagres, es una lager de corte industrial, hecha en Vialonga, que es un distrito, o como lo llaman los lusófonos una fraguesía, que se encuentra en área de Lisboa. La cerveza desempeña muy bien su papel al servir de refresco a una garganta sedienta; las maltas y más los lúpulos resultan efímeros y muy discretos, cediendo lugar a la frescura y facilidad al beber.
Lo mejor de beber es comer o quizá sea al revés, pero de que esta pareja es fuente de placer, de eso no hay duda. En la mesa aparecieron unas almejas caracol, receta que se remonta a un recuerdo infantil de tardes cálidas, disfrutando la brisa marina en Setubal, dejando seducir el paladar por la tersura de los bivalvos perfumados por el ajo y la aromaticidad de hierbas como la menta y el poejo, además de otras varias, de esas que nacen en las orillas de los ríos. También hubo que hacerle los honores a un platón de calamares a la romana que integraron a la Sagres como uno más de los ingredientes. Es claro que este tipo de cervezas son buenas compañeras del mar, y todo lo que el verano trae consigo.
Pero lo más enriquecedor sucede cuando el hambre queda saciada y los vasos continúan llenándose hasta rebosar de espuma, acompañando un anecdotario que se desgrana, llevándonos en un viaje al pasado para volver a vivir momentos de otros tiempos, imágenes de otros lugares, sabores de otros platos, risas de otros amigos. La cerveza y su corona espumosa siempre serán un excelente pretexto para convivir y reunirse en torno a una mesa.





