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La nueva puesta dirigida por Susana Romo cuenta con nuevo colectivo, y es un acercamiento a la guerra, especial para los niños
Niñas de la guerra
Sábados de agosto, 16:00 y 18:00 h. Domingos de agosto, 13:00 y 16:00 h.
De Bertha Hiriart. Directora: Susana Romo. Colectivo Pies en Movimiento.
TEATRO GUADALAJARA DEL IMSS.
Avenida 16 de Septiembre 868, frente al Agua Azul. T/ 3613- 2571.
Boletos: $60 general y $40 estudiantes, maestros y adultos mayores con credencial.
De venta en taquillas y Ticketmaster (T/3818-3800).
Apta para mayores de 6 años.
Pies en Movimiento es un proyecto que surgió por la inquietud de tres estudiantes de la licenciatura en Artes Escénicas de la UdG: Paloma Domínguez, Daniel Guerrero Zazueta y Marisol Soto Díaz (los dos ya egresados de la carrera). Ya que Domínguez había trabajado ya con Susana Romo en la puesta Hazme un hijo, cuya temporada en el Estudio Diana tuvo buena recepción del público, Pies en Movimiento se acercó a la directora para montar una obra de teatro dirigida a los niños. El tema elegido fue la guerra, desde una perspectiva interesante y adecuada para los más jóvenes, trabajo que Susana ya había hecho en Barquito de papel. Luego de que Paloma y Romo se pusieran a investigar distintos textos, Niñas de la guerra se puso sobre la mesa y descubrieron que se adaptaba muy bien al propósito que se había planteado y, gracias a lo escrito por la dramaturga Bertha Hiriart, comenzaron a llamar al resto de los colaboradores para la producción.
Pero dejemos que sean ellos mismos los que le hablen de cada aspecto de la obra que se estrena en corta temporada mañana en la tarde.
“Paloma, la provocadora del proyecto”: Susana Romo
Antes de que la viéramos en escena en Hazme un hijo, o que supiéramos que cocinaba una obra de teatro, la joven actriz nos había compartido su inquietud de hacer puestas, e incluso literatura, dirigida a los niños. “Pies en Movimiento surgió para que [Marisol, Daniel y yo] continuáramos en la profesionalización de nuestra carrera, después de la universidad.”
El texto de Bertha Hirirart
“Niñas de la guerra ha estado entre mis textos favoritos”, explica Susana, “y cuando se lo compartí a Paloma, nos dimos cuenta de que así queríamos contar el tema de la guerra. Además, no sólo habla de ésta, sino de la aceptación de lo diferente. Vera [Meztli Robles] es una niña que fue expulsada de su país por un conflicto bélico y llega al pueblo de Nopasanada, y es rechazada por todos [siete personajes interpretados por Paloma]. Pero a través de la música, todos cambian y la aceptan en su comunidad.”
La música, otro personaje
Dice Héctor Aguilar, encargado de la música original del montaje, que “lo primero que me llamó la atención cuando me enseñaron el texto es que en su portada se especifica que es para músico y actriz, y que la obra se estrenó en un festival de música. Leo la historia, que me atrapa y que aborda la realidad que vivimos y noto que la música es la mediadora, la solución del problema, por así decirlo, así que me enamoré del proyecto.” La escenografía, hecha por Centro-Centro y asesorado por Luis Manuel Aguilar El Mosco, no sólo se diseñó para que las actrices transformaran el espacio, sino para que la utilizaran como percusiones. Los instrumentos de Héctor, por otro lado, son cajones, llaves, tablas y otros objetos de la vida cotidiana (“cotidiáfonos”, les llama) que sigan a la transición de las actrices (“cuerpo como partitura) y de los objetos con los que interactúan (“sonósfera”), para que el trabajo del músico sea el de ser “la sombra sonora”. Paloma y Meztli tuvieron que aprender a tocar un par de flautas, y la que interpreta a Vera interpreta una canción.
Los colores
Nopasanada es un pueblo que flota entre la parsimonia y la queja, aunque sin mucha acción para cambiar lo que les molesta. Sus habitantes son representados como ropa de manta colgada en un tendedero, desprovista de color. Cuando Vera llega, toda ella en vestidos de colores brillantes, provoca un cisma, no sólo con su música, sino con las tonalidades de su lugar de origen.




