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HISTERIA: LA HISTORIA DEL DESEO Hysteria.
Dominguera. Directora: Tanya Wexler.
Con Maggie Gyllenhaal, Hugh Dancy, Jonathan Pryce y Felicity Jones.
Reino Unido/Francia/Alemania/Luxemburgo, 2011.
Duración: 100 minutos. www.sonyclassics.com/hysteria/
Su “gancho” es ser la crónica del desarrollo de uno de los artículos para el hogar más populares del siglo XX, el vibrador. Sin embargo, aunque algunos detalles alrededor del deplorable estado en que la medicina femenina se encontraba durante la era victoriana son intrigantes, la historia central (una comedia romántica entre una mujer progresista y un doctor adelantado a su tiempo), es floja. Es como una obra superficial de comedia de arte, con moderado entretenimiento y nada más. La falta de interacción entre los personajes eclipsa el romance, y su clímax no justifica el esfuerzo para llegar a él.
La cinta comienza en Londres, en 1880, con personajes reales pero en situaciones de ficción. El doctor Mortimer Granville (Dancy), a quien reconoce la historia como el inventor del primer vibrador electromecánico, es el protagonista. Desde el comienzo se muestra como el físico vanguardista en la ciencia médica, y trabaja con el doctor Robert Dalrymple (Pryce), especialista en “aliviar” la histeria que afecta a 50 por ciento de la población femenina. La solución de Dalrymple es directa, manipula los genitales de las mujeres con sus dedos hasta que ella alcanza el paroxismo, y son enviadas a casa (usualmente con una siguiente cita).
Mortimer se siente satisfecho con este método, pero descubre que comienza a cobrarle factura en su antebrazo y mano. Así que, con la ayuda de un colega, crea un objeto mecánico que simplifique el trabajo. Es una sensación inmediata.
Dalrymple tiene dos hijas, la obediente Emily (Jones) y la rebelde y socialista Charlotte (Gyllenhaal), y fantasea con la posibilidad de una boda entre Mortimer y Emily pero el joven doctor está más atraído por Charlotte, quien por su parte comprende lo que su padre hace, masturbar a mujeres frustradas hasta el orgasmo, porque no reciben satisfacción de sus esposos. La pasión de Charlotte es construir un centro para ayudar a los pobres e indigentes, misión que necesita de dinero y un doctor, y cuando le pide ayuda a Mortimer él se ve forzado a declinar por oposición de Dalrymple, pues lo ve como una pérdida de tiempo y esfuerzo.
Los personajes en este filme son trazados someramente. Mortimer es un buen hombre, un doctor del siglo XX atrapado en los 1880, quien de manera amable pelea contra las convenciones sociales porque quiere ayudar a la gente. Charlotte es una luchadora quien ve por la igualdad de los derechos de la mujer antes de que eso fuera popular, y Dalrymple es presentado como superficial y codicioso, su único interés es hacer crecer su lista de pacientes mujeres, y que regresen regularmente. Los detalles de fondo son ocasionalmente provistos para “humanizar” a tantos individuos en la pantalla, pero nada de lo que hace Tanya Wexler es efectivo. Se mantienen bidimensionales.
Uno de sus logros es ilustrar la falta de entendimiento de la salud de las mujeres y sus asuntos por un sistema médico dominado por hombres. La “histeria”, como se le llamó, fue abolida como diagnóstico legítimo en los cincuenta, al igual que el tratamiento. Al convertir a Charlotte en feminista y a Mortimer adosado a su causa, el filme es capaz de contrastar el trabajo de la medicina “seria”, contra la clínica que dirige Dalrymple. La invención del vibrador es una subtrama, y su contribución más interesante en el filme transcurre durante los créditos finales, con una historia gráfica del aparato, desde su invención hasta la era moderna.
La cinta se basa en una comedia segura y predecible. Como podría esperarse de un filme de esta naturaleza, sus momentos más “escandalosos” son cuando las mujeres “de sociedad” experimentan paroxismos en las salas privadas de Dalrymple, y cuando una prostituta prueba el prototipo del vibrador (nota, sólo se ven los rostros). Quizá los asistentes conservadores encuentren este material al límite o impactante, pero se encuentra muy lejos de ser explícito. Su clasificación es C más que nada porque cualquier cosa relacionada de manera directa con asuntos sexuales es tomada como de adulto. Pero, también es difícil imaginar a un adolescente queriendo verla. Esta cinta es predominantemente para quienes gustan del cine “de arte”, como aperitivo en lo que filmes de mejor perfil están disponibles.




