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Hace unos días mientras navegaba por la red, me encontré un blog de cerveza. El título invitaba a conocer una lista de las peores cervezas artesanales mexicanas. No pude negarme ante el morbo que me invadió y sin más hice click. Leí con detenimiento todas las descripciones vertidas, o quizá debería decir: derramadas. Casi pude escuchar como las botellas de las cervezas descritas se estrellaban contra la pared y saltaban convertidas en añicos, como las coladeras de los blogueros eran las que engullían la cerveza mientras ellos no podían más que escupirlas. El texto que describía aquellas desafortunadas elegidas estaba aderezado con descripciones que hacían patente el enorme desagrado de los creadores del blog, y terminaban por llamarla brebajes o potajes, mientras les clavaban adjetivos tales como: “baño de secundaría”, “limpiador de piso”, “jarabe contra la tos” y otros igual o más agresivos. Aunado a esto se descolgaba una cascada de comentarios de los lectores, la mayoría abonando al linchamiento y agregando otras cervezas a la desafortunada lista.
Es un hecho que esta revolución de la cerveza que ahora vivimos trae consigo un enorme caos, donde se encuentran productos de buena manufactura junto con otros de innegable carencia; etiquetas que presumen características o virtudes inexistentes y estilos que parecen ensamblados en el laboratorio de un científico loco, y cocinados en la olla de una bruja. Las botellas en los refrigeradores y las válvulas de los barriles que encontramos en los bares, se plagan de cervezas defectuosas que intentan disfrazar su mediocridad detrás de una etiqueta bella. Pero en el otro lado de la moneda estamos los consumidores, que en muchos casos carecemos del gusto por ciertos aromas y sabores etiquetando todo lo que no nos agrada como malo.
¿Qué es primero el huevo o la gallina? La verdad es que en este círculo no hay un principio pues ambas cosas suceden con mucha frecuencia y al mismo tiempo.
Si bien no soy adepto a las listas, hoy haré una que engloba las recomendaciones que desde esta sencilla tribuna puedo hacer para los fabricantes por un lado, y a los consumidores por el otro.
Para los fabricantes:
1. Caminar antes de correr: antes de salir a la venta o de lanzar un nuevo producto sean constantes con la calidad, pues independientemente de si gusta o no, es importante que la cerveza sea consistente y así el consumidor la podrá evaluar.
2. Volver a las bases: claro que agradable beber nuevas interpretaciones de estilos tradicionales, esto siempre se agradece pues entrega variedad; sin embargo, mientras no dominen la buena manufactura no hagan ensambles raros, estos resultan muchas veces incomprensibles para el consumidor.
3. Cuiden la calidad: probablemente una de los mayores aprendizajes que se puede hacer de una cerveza industrial es el cuidado por la calidad, en mi experiencia personal en el inicio un buen cervecero primero busca ausencia de defectos que presencia de virtudes.
4. Ojo con la distribución: resulta muy importante que la integridad del producto se mantenga desde la elaboración hasta el consumo. Aprendiendo de nuestros vecinos del Norte: más vale una buena cerveza regional que una mala nacional.
Por el lado de los consumidores la tarea no es más sencilla.
1. Entender la diferencia: el primer lugar debemos entender que hay cientos de tipos de cerveza y si esperamos que todo sepa a lager clara, no llegaremos lejos como consumidores. Tampoco podemos aspirar a que todas tengan la fortaleza del lúpulo o la suavidad de la malta impresas en ellas. También debemos comprender que son distintos los defectos de las sensaciones que no nos gustan. Aprende a identificarlos.
2. Conocer los gustos propios: resulta básico que conozcamos qué sensaciones son las que disfrutamos y nos llevan a hacer placentero el beber la cerveza. Hay quienes no toleran la acidez y pueden descalificar una cerveza de estilo sour o desdeñar una doble IPA por que el amargo los agrede, y por el otro lado calificar de flaca una pilsner porque no tiene las características anteriores.
3. Dar la oportunidad: abrir el paladar a nuevas experiencias puede resultar en el hallazgo de nuevos gustos, debemos probar y probar, independientemente de que al final regresemos al estilo que mejor nos cae.
4. No ser esnob: sin miedo a parecer ignorante si algo no te gusto simplemente dilo, puede ser que seas tú el que no disfruta de ese trago en específico, o que efectivamente haya defectos en la cerveza.
Al final de cuentas regresa a los puntos uno y dos. Disfrutemos de la cerveza, probablemente dentro de algún tiempo esta revolución se consolidara en evolución.





